jueves, 4 de febrero de 2016

Oportunidad caribeña para la Argentina

Por Nicolás M. Comini y Víctor M. Mijares

Publicado en Clarín 

Imaginemos que cada país no sólo es un nodo en una red de relaciones e intereses, sino que además, esa red dibuja una serie de anillos concéntricos de influencia. La geografía y el poder son, por supuesto, factores centrales en ese análisis de geometría política, pero también lo son el comercio, la ideología y las instituciones multilaterales.
 
Bajo esos factores, el primer anillo concéntrico alrededor de Venezuela estaría compuesto por Colombia, EEUU, China, Cuba y Brasil. El segundo incluiría a España, Argentina, Rusia y Chile. Dejemos por fuera a las potencias extrarregionales, no por ser menos importantes, sino porque las consecuencias de lo que ocurra en Venezuela les son más tenues.
 
Los dos principales anillos concéntricos en torno a Venezuela son, naturalmente, diferentes en cuanto a sus capacidades de ejercer influencia sobre los actores venezolanos. Colombia tiene sus energías en un proceso de paz del que Caracas es garante. EEUU ha manifestado su preocupación acerca de Venezuela, pero también ha hecho patente que la gestión Obama no va a aventurarse en crisis hemisféricas que pueda evitar.
Cuba, faro ideológico de la Revolución Bolivariana, está enfocada en su delicado proceso de apertura. Mientras tanto, Brasil experimenta los embates del fin de las materias primas y los efectos de la corrupción. El primer anillo, el de mayor contundencia potencial, está bloqueado.
 
En el segundo anillo quedan Chile y Argentina. Por una mezcla de razones pragmáticas e ideológicas, Santiago ha preferido mantenerse tan al margen de la situación venezolana como ha podido, recibiendo agresivas respuestas diplomáticas cada vez que se ha pronunciado.
 
Pero la situación argentina es distinta, pues aun desde el segundo anillo, debemos considerar tres factores: 1) Argentina promovió el ingreso Venezuela a Mercosur, y éste se ha convertido en uno de los pocos foros de importancia para Caracas; 2) Brasil se encuentra ensimismado en una crisis interna que ha debilitado su política exterior, lo que abre un mundo de posibilidades para la reinvención de la largamente eclipsada diplomacia argentina; y 3) Argentina tiene en la crisis de Venezuela la oportunidad de ofrecer alternativas que no pasen por volver a recurrir a actores extrarregionales que pongan en juego la autonomía política que la región ha ganado en las dos últimas décadas.
 
En este contexto consideramos que a orillas del Río de la Plata está la clave para gestionar la turbulencia regional que genera la dramática coyuntura venezolana, apostando por evitar la exclusión de Caracas de la comunidad internacional y recurriendo, en cambio a los mecanismos de control y monitoreo que brindan los diferentes espacios de integración vigentes.

sábado, 30 de enero de 2016

Realismo Neoclásico: ¿el retorno de los estudios internacionales a la ciencia política?


Resumen
Los estudios internacionales han alcanzado un importante grado de autonomía respecto a la ciencia política, y aquello lo demuestra su desarrollo en las principales universidades. Sin embargo, esta autonomía práctica dentro de las ciencias sociales tiene problemas para justificarse científicamente y cuenta además con un argumento débil en relación con el objeto de estudio. El auge del realismo neoclásico –fundada en la explicación de la política exterior y con base en la distribución del poder en el sistema internacional teniendo en cuenta la política nacional– tiene el potencial de revertir esa autonomía práctica al debilitar el argumento de esta. Inadvertidamente, el realismo neoclásico nos obligaría a revisar la autonomía de los estudios internacionales respecto a la ciencia política.