miércoles, 22 de junio de 2005

¿Hacia una nueva Era Nuclear?





Tanto la mayoría de los expertos como del público en general parecía desestimar la amenaza nuclear, sobre todo a raíz del recuerdo del desmantelamiento soviético, la reorientación de las causas de los conflictos armados hacia vertientes más étnico-culturales y, especialmente, los ataques del 11 de septiembre de 2001. A pesar de lo conflictivo que se presentó el mundo desde principios de los 90 hasta el alba del siglo XXI, las armas nucleares fueron, en términos generales, olvidadas por los polemólogos, el problema eran los “asuntos transnacionales” y la capacidad del Estado como guardián del arma total.

Estos supuestos se sostenían sobre la creencia de una satisfacción mundial plena (deseada, aceptada o impuesta) del nuevo orden unipolar emergente. La proliferación nuclear, salvo algunas anomalías políticas como Corea del Norte, eran un asunto de seguridad nacional, primordialmente, e internacional cuando la debilidad institucional de los poseedores pasaba por marcados picos. No obstante, la proliferación nuclear, es decir, la adquisición de capacidad nuclear con fines bélicos por parte de unidades político-territoriales plenas de derecho y funcionalidad, es hoy, junto con la subversión e insurgencia terroristas, una de las principales preocupaciones para la seguridad internacional.

En su informe final, el proyecto 2020 del National Intelligence Council, órgano adscrito a la CIA, destaca como la capacidad nuclear presenta la tendencia a ser considerada una necesidad para Estados políticamente insatisfechos con su situación en el orden mundial y que pretenden asegurar su continuidad. Ante la abrumadora capacidad militar convencional y no-convencional de las grandes potencias, destacándose notoriamente los Estados Unidos, y la lógica propia del juego no-cooperativo de la carrera armamentista entre Estados pertenecientes a un mismo conjunto geopolítico, la proliferación nuclear surge como un fenómeno propio de los sistemas de seguridad regional, fenómeno tendiente a establecer un símil a escala del equilibrio del terror que marcó globalmente a la Guerra Fría. Las armas nucleares (y sus sistemas de despacho) parecen modelar la situación estratégica en materia de balance militar (no siempre aceptable por todos los miembros del sistema regional o actores extra-regionales) en distintas zonas del planeta.

Podríamos establecer cuatro tipos de potencias nucleares o pre-nucleares y un tipo de potencia ex-nuclear. En el primer tipo tenemos, (a) Potencia Nucleares Reconocidas: aquellos Estados que han desarrollado su arsenal nuclear (bajo distintas circunstancias) y lo han probado, siendo pública su posesión. Además, estas mismas potencias son reconocidas por el Derecho Internacional Público como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia y China). El segundo tipo, (b) Potencias Nucleares No-Reconocidas: sus arsenales son incluso cuantificables, mas la posesión de los mismos se mantiene, al menos formalmente, como una secreto. En todos los casos del tipo (b) (India, Israel y Pakistán) el desarrollo nuclear devino de una transferencia tecnológica en el marco de la búsqueda del equilibrio (o la ventaja) estratégica en la Guerra Fría. El tercer tipo, (c) Potencias Neo-nucleares: Estados que acaban de librar dudas sobre su arsenal, haciendo pública su capacidad nuclear (Corea del Norte). Finalmente tenemos el último de los cuatro tipos iniciales, (d) Potencias Pre-nucleares: siendo aquellas con un desarrollo propio, aunque pudiese ser incipiente, de su capacidad nuclear bélica. Lo mismo podría decirse de sus sistemas de despacho nuclear. En cualquier caso, se estima que tales potencias puedan abandonar el tipo (d) y pasar el (c) en el corto o mediano plazo (Irán y Brasil). Las que llamamos, (e) Potencias Ex-nucleares: son aquellas que, habiendo desarrollado una capacidad bélica nuclear en un periodo de su historia, han renunciado a su arsenal, tanto por razones éticas como político-estratégicas (Sudáfrica).

Como es posible ver en el mapa las potencias de tipo (a) responden más a una geoestrategia global, propia de la Guerra Fría y del enfrentamiento entre doctrinas como la respuesta flexible controlada o la retaliación masiva. Mientras que los tipos (b), (c) y (d) responden a imperativos de seguridad nacional en una proyección de poder nacional dirigida a su área de acción inmediata o su sistema geopolítico regional, bien sea para persuadir o para disuadir -exceptuando al único exponente del tipo (c), Corea del Norte, cuyos dirigentes políticos y militares han afirmado que tiene la capacidad de atacar la costa Oeste de los Estados Unidos con mísiles intercontinentales, aunque solo se conozcan los de alcance corto y medio, suficientes para golpear a Corea del Sur y Japón.

Este escenario general de nueva era de proliferación nuclear y de inseguridad internacional marcará los esfuerzos de las potencias establecidas y las emergentes, además abre el camino para la reedición de las doctrinas de disuasión no-convencional.
V.M.
http://www.analitica.com/va/internacionales/opinion/4261494.asp