viernes, 20 de agosto de 2004

La geoestrategia del petróleo y la política venezolana



Hacia 1997 el politólogo estadounidense de origen polaco, Zbigniew Brzezinski; quien fuera Consejero para la Seguridad Nacional designado por el presidente Carter en 1977 y que se desempeña como asesor del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales de la Universidad John Hopkins de Washington DC; publicó una obra intitulada, en español, “El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos” (Barcelona: Paidós, 1998). La tesis central de Brzezinski es que los EE UU deben mantener su supremacía global a través de su posicionamiento geopolítico en Eurasia, continente que posee las mayores riquezas del planeta y la mayor población relativa y absoluta. Para ello la geoestrategia norteamericana de orientarse a evitar que ningún jugador geopolítico de importancia, o una coalición de ellos, se haga tan poderoso como para impedir la participación de los EE UU en la gestión de tales recursos.

Pero en Venezuela, en estos momentos, no es la tesis central de “El gran tablero mundial...” lo que nos explica del todo la realidad política, es parte del marco teórico geopolítico de Brzezinski, derivado expresamente del pensamiento de Mackinder, lo que da respuestas estructurales a la coyuntura. Para el autor la lógica del juego de intereses se hace posible por la interacción entre Estados que denomina, según su grado de actividad o importancia relativa, jugadores geoestratégicos a unos y pivotes geopolíticos a otros. Un jugador geoestratégico activo es un Estado que cuenta con la capacidad y la voluntad (elementos del potencial de poder nacional) para ejercer poder o influencia internacional, la medición del potencial de poder dictará la jerarquía de tal jugador geoestratégico. Por otra parte, un pivote geopolítico es un Estado cuya importancia se deriva no de su poder y de sus motivaciones sino más bien de su situación geográfica sensible (situación que puede involucrar tanto una ubicación espacial privilegiada que provea una defensa natural o el acceso a recursos preciados).

Por obvia deducción es posible establecer que el status de Venezuela es de pivote geopolítico en tanto es un Estado cuyo poder potencial nacional ha venido en franco proceso de declinación en virtud, entre otros muchos factores, del desmontaje de sus fuerzas armadas (apartadas de las funciones de defensa exterior y encauzadas a actividades sociales y policiales), la desaparición de parte importante de su capacidad industrial y agrícola (beneficiando un modelo de economía improductiva que tiene su eje en el sector informal del comercio y el minifundio) y la degradación social en términos generales (siendo proclive el gobierno a mantener un esquema que refuerza la dependencia de la sociedad con respecto del Estado). La única capacidad de proyección de poder o influencia con la que cuenta el Estado venezolano, a través del gobierno que administra sus recursos e imprime la voluntad política, deriva del control sobre 77 millardos de barriles de petróleo y 4 millardos de metros cúbicos de gas, que constituyen las reservas de hidrocarburos más grandes del mundo, fuera de la riesgosa región del Medio Oriente. Mas, estratégicamente, aquello que le da capacidad relativa de cierto poder regional es, al mismo tiempo, un factor que le debilita en tanto coloca a sus reservas como un apreciado objetivo para los más activos jugadores geoestratégicos. En consecuencia, el petróleo es el centro de gravedad estratégico del Estado venezolano y, por tanto, del gobierno que lo administre, más aun si ata éste su supervivencia al factor energético por sobre los principios de eficiencia y correspondencia con el interés nacional, como lo ha hecho el actual gobierno de Chávez al expresar garantizar la estabilidad de los mercados mundiales del petróleo.

El apoyo tácito que se le ha dado al gobierno “chavista” desde el exterior supone, pues, un movimiento geoestratégico de los actores políticos internacionales de primer orden. La seguridad energética de los EE UU se ve amenazada por la inestabilidad sociopolítica y limitación productiva de Irak (fenómenos fomentados por los ataques milicianos a la infraestructura energética, sobre todo a los oleoductos iraquíes) y el hostigamiento que las amenazas de Al-Qaeda significan para la continuidad de la dinastía saudita. Por otra parte, el mundo industrializado en general ha tenido que asumir el costo agregado que supone una expectativa de crecimiento de países superpoblados como India y China (esta última ha incrementado en un año su consumo energético en cerca de un 40% y a superado a Japón en términos de PIB, colocándose como la segunda mayor economía del mundo), que han tendido a aumentar sus pedidos a futuro, con lo cual se mantiene un elevado precio del petróleo. En términos generales, son estos los factores que sostienen al gobierno venezolano más allá de su propia capacidad.

Si bien entre los objetivos estratégicos del actual gobierno venezolano se encuentra la exportación de la revolución, a través de múltiples y difusos movimientos de izquierda, y esta intervención perturba la seguridad hemisférica, caro objetivo geoestratégico estadounidense y de sus aliados tradicionales (como la sólida elite colombiana, por ejemplo), tácticamente la cooperación tácita entre estas clases políticas resulta suficientemente rentable, más aun cuando el respaldo de los intereses privados del sector petróleo forma parte del establishment político. El gobierno de Venezuela ha usado, en una coyuntura especialmente inestable, el excedente energético en función de la continuidad del régimen político sin que interfieran negativamente actores políticos internacionales.

Efectivamente, los EE UU cuentan con un legítimo derecho político internacional a defender sus intereses de seguridad nacional, al tiempo que tienen la capacidad en cuanto a potencial de poder para así hacerlo. Los eventos electorales en Venezuela y la conducta de la elite de poder norteamericana demuestra un manejo coherente de la política exterior en tanto ésta se acopla a los intereses geopolíticos de supremacía global; efectivamente, horas luego de conocerse los resultados dados por el CNE del referéndum revocatorio presidencial disminuyeron los precios del crudo en sus distintos indicadores, no obstante la tensión generada por las evidencias de fraude han traído una renovada inestabilidad al sistema político venezolano, contribuyendo al incrementos reciente de los precios del petróleo, solo este factor de inestabilidad podría lograr cambios en la política exterior de los jugadores geoestratégicos. Mientras tanto, los EE UU, al igual que el resto de las potencias, de primer o segundo orden, está jugando impecablemente en pro de sus objetivos, entre los cuales no se encuentra, circunstancialmente, la democracia venezolana.
V.M.
http://www.analitica.com/va/politica/opinion/6497212.asp