miércoles, 7 de enero de 2004

La importancia del petróleo ruso para el futuro del orden mundial


La era soviética de Rusia tuvo como consecuencia energética la exclusión voluntaria del abierto mercado mundial petrolero de uno de los más antiguos productores de crudo. El Cáucaso, importante pivote geopolítico que separa al Mar Negro del Mar Caspio, fue disputado por compañías extranjeras antes de la Revolución Bolchevique, posteriormente la región formó parte de los planes de expansión alemana bajo el III Reich. La victoria soviética en la II Guerra Mundial aseguró a Stalin el control de esta zona, la cual proveyó de energía el crecimiento industrial soviético, que había comenzado con los planes quinquenales a finales de la década de los veinte. Fue, pues, el desarrollo endógeno lo que hizo desaparecer a Rusia de mapa petrolero mundial.

La caída de la estructura de gobierno y el del modelo económico socialista ha conducido a Rusia a la reincorporación progresiva (e incluso agresiva) al siempre feroz mercado energético. Desde 1991 la Federación Rusa ha incrementado sus expectativas de exportación a la par de su tasa de explotación, la cual se ubica, formal y aproximadamente, en unos 7,5 millones de barriles diarios (mb/d). El gobierno ruso, en los últimos 3 años, ha publicitado la idea de que Rusia, en el mediano plazo (10 años), podría superar la producción de Arabia Saudita (unos 9 mb/d), ubicándose incluso en el nivel de producción de unos 12 mb/d, considerando la expansión del consumo mundial, derivado del desarrollo de la economía china, de la negativa de los EEUU a reducir sus emisiones de desechos a la atmósfera mediante el Protocolo de Kyoto y del creciente complejo industrial-militar que Japón viene erigiendo en contracorriente con sus disposiciones constitucionales, pero respondiendo a sus necesidades en materia de seguridad.

La meta autoimpuesta por Rusia, de 12 mb/d, solo es posible asegurando el libre tránsito del petróleo de las riveras caspias a las del Mar Negro, para surtir a Occidente, y desarrollando mediante inversión extranjera la potencialidad de transporte del petróleo siberiano, en el extremo oriente. En el Caucaso se hace necesario sostener la continuidad operativa del llamado “oleoducto de Grozny”, el cual atraviesa el territorio de la República de Chechenia (unidad político-territorial que forma parte de la Federación Rusa). Chechenia cuenta con una población eslava y caucásica, desde un punto de vista étnico, mas su principal credo religioso es el Islam. El principal objetivo del ejército de liberación chechenio es fundar una república islámica a partir de la secesión a Rusia, lo que equivale a limitar el control de Moscú sobre el principal oleoducto destinado al abastecimiento del mercado Occidental. La lucha por el posicionamiento ruso en el mercado estadounidense, y la estrategia de seguridad nacional de los EEUU (que le lleva a conducirse en pro del control de pivotes geopolíticos de primera importancia energética), han conducido a los presidentes Putin y Bush a declarar a los rebeldes chechenios como grupos terroristas, a partir de lo cual EEUU admite que el control ruso sobre Grozny es un problema de orden interno, librando a Moscú de presiones diplomáticas ante sus sostenidos ejercicios de fuerza en Chechenia y asegurando la salida segura de crudo a través del oleoducto que culmina en el puerto ruso de Novorossisk, en el Mar Negro.

La situación del petróleo de Siberia no es menos compleja ni demanda menor atención al análisis geopolítico contemporáneo, sobre todo frente a potencial correlación de poder en los años por venir del siglo XXI. Por encontrarse geográficamente más aislada de los tradicionales centros de toma de decisiones, por estar menos densamente pobladas y por su vastedad, las regiones siberianas de Rusia han sido menos tomadas en consideración desde una perspectiva energética. Las exploraciones soviéticas ya habían dado cuenta del potencial petrolero y gasífero del subsuelo siberiano, sin embargo el carácter agreste del inmenso territorio lo colocaron como una fuente energética in situ del incipiente desarrollo industrial autóctono, pero sobre todo como une reserva estratégica de la Rusia europea. Es solo con la caída de la URSS que Siberia se transforma en una pieza clave en la inserción rusa al mercado petrolero regional. Existe hoy entre China y Japón una contienda comercial sobre el petróleo de la Siberia oriental. Moscú a decidido explotar sus reservas del Este, pero ha argumentado la necesidad de significativa inversión extranjera para transportar el crudo desde la tundra. China, con un importante crecimiento en sus provincias interiores, pero sobretodo, con una creciente demanda energética en las grandes ciudades comerciales a orillas del Mar de China, ha querido influir sobre la toma de decisiones rusa en favor de la construcción de un oleoducto que empalme con la red china de distribución de energía a través de la industrializada provincia de Manchuria. De este modo China podría cubrir su incrementada demanda energética en las provincias exteriores (las nor-sur-orientales) y destinar el excedente de materia prima (crudo y gas, pero sobre todo carbón) a las menos desarrolladas provincias interiores, ello con el fin de lograr un crecimiento más homogéneo de su parque industrial y proveer de mejores condiciones a los territorios que deben producir los recursos alimenticios para una población de aproximadamente 1.3 millardos de habitantes.

Japón, cómo es bien sabido, combina la segunda economía del mundo, una población altamente capacitada de cerca de 130 millones de habitantes y un espacio geográfico poco favorable en cuanto a forma, situación y posesión de recursos naturales, sobre todo energéticos. Los 5.3 mb/d que consume Japón son totalmente importados en un 68% de miembros OPEP (sobre todo del Golfo Pérsico), y refinados por la industria japonesa en un 92,5%. El país se encuentra en una etapa de transición estratégica y redefinición geopolítica: su situación espacial y su historia lo colocan de forma adversa frente a resto del Asia oriental, la industria de armamentos japonesa, el gasto en defensa y su cooperación financiera y militar en Irak nos hablan de una poderosa economía que desea asegurar su posición y reforzar la percepción exterior sobre su capacidad política; Japón entiende su posición en las orillas de Asia y plantea una integración al continente. Asegurar la construcción de un oleoducto siberiano que tenga por terminal al puerto ruso de Vladivostok, por ejemplo, haría depender a toda la región ruso-oriental del mercado e influencia japoneses, al tiempo que lograría tres efectos estratégicos importantes: i) sustraería del poder chino la posibilidad de desarrollar homogéneamente su territorio; ii) convertiría, por efecto de la energía transferida, a la industria militar japonesa en la primera de la región, y iii) Japón tendría, finalmente, la justificación geopolítica para reorganizar a sus fuerzas armadas, en función de la protección de sus intereses siberianos.

Rusia posee, pues, dos importantes pivotes geopolíticos en su territorio. La capacidad de Moscú para controlar y pacificar el Cáucaso y para desarrollar a la Siberia oriental son tareas que se hacen imperativas para que el antiguo imperio alcance una posición de poder, en el siglo XXI, acorde con sus potencialidades y su historia.

V.M.

http://www.analitica.com/va/economia/opinion/3875462.asp