lunes, 18 de abril de 2005

La lucha por Asia

En una anterior oportunidad hicimos referencia a las tensiones latentes entre la República Popular China (RPCh) y Japón, afloradas a raíz de la incursión de una nave submarina china en aguas del Mar de China Oriental que Japón reclama como suyas (véase: La caza del submarino chino 04/12/2004). Hoy las tensiones emergen por las protestas populares chinas, parcialmente inducidas desde el Estado, por la aprobación de textos escolares japoneses que atenúan las acciones de efectivos militares del Imperio del Japón durante la ocupación de parte de China entre los años treinta y cuarenta del siglo XX.

Resulta redundante ahondar en detalles sobre lo que Asia significa en materia de recursos humanos, materiales y financieros -más aun en un espacio tan reducido como el de un artículo. Igual de redundante es seguir explicando que la geoestrategia de los Estados Unidos (EEUU) se orienta con especial interés sobre este continente para, si no controlarlo, al menos evitar que una sola potencia se haga con una posición hegemónica indiscutible, lo cual recuerda la política de Londres hacia Europa entre los siglos XVI y XX. Lo que no es redundante es el nuevo ímpetu de las dos mayores potencias del lejano oriente en una lucha cada vez menos soterrada por el control de Asia.

La RPCh ha mantenido un crecimiento sostenido desde que en 2000 logró duplicar su PIB. Si bien el crecimiento de la planificada economía china contrasta con las inconsistencias socio-políticas internas, es un hecho tangible que las fuerzas armadas cuentan hoy con un presupuesto sustancialmente superior al del año 2004 (de 7,6 a 12,6%) y se han embarcado en un proceso de modernización militar. En términos de poder naval la RPCh cuenta con 72 submarinos, 48 de ellos en servicio en los mares de Japón y China Oriental, y se espera que para el año próximo esté listo el primer portaviones chino.

Japón, por su parte, tiene el tercer puesto mundial en gasto militar desde hace diez años (sólo superado por los EEUU y la RPCh) y además tienes tropas en actividades de seguridad en Irak. En el área que nos ocupa, Japón, aunque superada por la RPCh y las dos Coreas en términos generales, es la primera potencia en destructores y en aviación naval de combate. Todo esto es posible pasando por sobre las restricciones constitucionales heredadas de su derrota en la II Guerra Mundial.

Así como el Reino Unido ha sido el aliado europeo de los EEUU, Japón ha sido el asiático oriental desde mediados del siglo anterior. Pero las políticas exteriores y de defensa japonesas son cada vez más independientes y más orientadas a los intereses exclusivamente japoneses. Este movimiento ascendente del poder japonés ha coincidido con el ascenso chino, lo cual supone un enfrentamiento que geopolíticamente se presenta como inevitable, siempre y cuando ninguno de las dos clases políticas ceda en sus objetivos nacionales de control de Asia Oriental.

En otra oportunidad (véase: La importancia del petróleo ruso para el orden mundial 07/01/2004) advertimos sobre el choque de intereses que se estaba dando entre la RPCh y Japón en Siberia, aspirando cada una de estas potencias que Rusia decidiera la construcción de un oleoducto siguiendo distintas rutas: para la RPCh el resultado óptimo era que pasara por su provincia nor-oriental de Heilongjiang -Manchuria- hasta las costas del Mar de Japón; para Japón lo ideal era que el oleoducto nunca tocara suelo chino para evitar que su seguridad energética estuviese parcialmente bajo control de Beijing. Aunque la propuesta japonesa era la más costosa resultó ser la adoptada -con financiamiento de Japón.

Lo que presenciamos en el choque de dos proyectos geopolíticos continentales que se solapan. Por una parte la esfera de interés china (conocida académicamente como “La Gran China”) asentando su poder político, su presencia militar e influencia económica desde Asia Central hasta el Sudeste Asiático. Por otra, la esfera de influencia japonesa (coincidente con las conquistas del Imperio Japonés en los primeros años de la década del cuarenta del siglo XX). En todo caso lo que está planteado es la exclusión de toda otra potencia de Asia, minimizando así la presencia e influencia tanto rusa en Asia Central -e incluso en la propia Siberia- como estadounidense en Asia Oriental y del Sudeste Asiático.

V.M.

http://www.analitica.com/va/internacionales/opinion/2751050.asp