viernes, 23 de enero de 2004

La nueva carrera espacial

Los estudios misilísticos y aeroespaciales, desarrollados intensamente durante el siglo XX, tuvieron un destacado papel en los cambios sobre la concepción geopolítica y en la idea geoestratégica de las relaciones humanas sobre el globo. La tradicional contemplación bidimensional (latitud y longitud) de los asuntos terráqueos ganaron profundidad con el desarrollo posterior de los estudios de von Braun y la carrera espacial entre los EEUU y la URSS. Mas la caída del bloque soviético –que entre otros factores tuvo que asumir su imposibilidad económica para desplegar una contramedida al programa “Guerra de las Galaxias”- frenó las ambiciones extraterrestres de la única superpotencia. Así, la competencia quedó reducida temporalmente a aspectos de telecomunicaciones, generalmente comerciales, y a asuntos de inteligencia global en los que el resto del mundo solo podía tener un lugar como espectador y consumidor secundario de información.

No obstante, los esfuerzos técnicos (políticos, en las áreas diplomática y militar; y material, en términos de ciencia y tecnología) no cesaron nunca. Las perturbaciones en el espacio postsoviético atrofiaron la capacidad anteriormente alcanzada, pero el crecimiento de las economías europeas y china alentaron la investigación de operaciones aeroespaciales. La agencia espacial europea y la homóloga agencia china (adscrita al Ministerio de Defensa) anunciaron, en el último trimestre de 2003, su sociedad en un proyecto conjunto de un sistema de satélites ubicados en órbita geoestacionaria -espacio circundante a la Tierra que está constituido por una franja que tiene su límite inferior en veinte mil kilómetros (20.000 Km.) y su límite superior en unos treinta y seis mil kilómetros (36.000 Km.)-. En la perspectiva de la órbita geoestacionaria el satélite se encuentra ubicado siempre sobre un mismo punto terrestre, es decir, se traslada a la misma velocidad de rotación del planeta, y en su mismo sentido, abarcando una porción fija de la superficie. El sistema euro-sino competirá con el americano Global Positioning System (GPS) e intentará eliminar el monopolio de información privilegiada y telecomunicaciones que pasa por manos del sector público y privado estadounidense. Sin embargo, EEUU mantiene la delantera en aspectos del uso de la órbita geoestacionaria y de la franja espacial inmediatamente inferior, con objetivos de defensa e inteligencia, ya que la Lockheed Martin ganó, en septiembre de 2003, la licitación del Departamento de Defensa americano para desarrollar una aeronave no tripulada, ligera y que sea capaz de mantenerse en una órbita algo inferior a los 20.000 Km (en lo que se conoce como órbita cuasi-geoestacionaria). Ello le permite desplazarse con mayor velocidad, y en un rango mayor, que los 24 satélites que conforman el sistema GPS, y a la vez le permite formar parte del sistema sirviendo como visor de alarma temprana ante amenazas balísticas intercontinentales o simplemente como satélite espía.

Como resulta evidente, en los albores del siglo XXI presenciamos una nueva carrera espacial. Al igual que la anterior, esta lucha tecnológica se libra para extender el poder nacional alrededor del globo (literalmente), y ello se hace por medio de la encubierta pero progresiva militarización del espacio exterior. No es casual que la Republica Popular China haya logrado hacer orbitar por 21 horas al teniente coronel Yang Liwei, en la nave Shenzhou a mediados de octubre de 2003, y que tres meses después se haga público el éxito de la misión de la sonda marciana Spirit de la NASA. El anuncio del presidente Bush de aumentar en un millardo de dólares el presupuesto ordinario de la agencia espacial y de inyectar en la próxima década 11 millardos adicionales, todo con el fin de crear una estación permanente en la Luna (para el 2015) y luego realizar el deseado viaje tripulado a Marte (2030), parece una respuesta contundente a las intenciones chinas de llegar a la Luna entre el 2010 y el 2020. La conquista y permanencia en nuestro satélite natural podría tener tres objetivos: a) ser un elemento simbólico, una proyección propagandística del poder nacional de alguna de las potencias. La política de prestigio es un elemento invaluable en las aspiraciones de influencia global; b) militarizar efectivamente la órbita terrestre. Satélites espías, de telecomunicaciones y armas de concentración de energía solar o de pulso electromagnético, así como satélites antisatélites y antimisiles, podrían dominar la órbita de la tierra en distintos estratos; finalmente, sin por ello pretender ser exhaustivo, c) explorar la posibilidad de encontrar recursos naturales explotables en la Luna para, como mínimo, hacer parcialmente autosustentable bases científicas y militares. Lo mismo ocurre en Marte, cuya composición geoquímica no está clara aún.

Estos hechos y supuestos demuestran que las potencias no descansan. El periodo de la Post-guerra Fría no resultó ser un respiro en la ancestral competencia por el dominio del hombre sobre la naturaleza y del hombre sobre el hombre. La capacidad técnica no debe verse como un fenómeno de reciente data histórica, aun cuando la duplicación en escala geométrica del conocimiento científico humano nos impulse a creer que ello es efectivamente así. Por ejemplo, el control sobre el bajo Egipto solo fue posible mediante el conocimiento exacto, restringido a funcionarios de Estado, de las crecidas del Nilo; una mejor agricultura no solo alimentó mejor a una creciente población, además el excedente y los impuesto derivados colaboraron a sostener al fisco faraónico y a colocar frente a los hititas a un ejército capaz de frenar su expansión más allá del Asia Menor. El control de los recursos y del conocimiento son presupuestos básicos del poder político, y la nueva carrera espacial está demostrando que la proyección del poder nacional; así como se plantea sus objetivos a través de la corteza terrestre, la atmósfera y los espacios virtuales (áreas en donde los Estados no son los único actores, ya que los grupos transnacionales, legales e ilegales, compiten igualmente en ellas); también está retomando interés en el espacio exterior, complejizando así los análisis presentes y futuros.
V.M.
http://www.analitica.com/va/sociedad/articulos/3416822.asp