viernes, 19 de marzo de 2004

La Victoria del Terrorismo

El terrorismo, como estrategia y no como fenómeno de violencia política, puede asumir distintas formas que le recubran pero sin apartarse del objetivo final: lograr cambios políticos que favorezcan a una causa en particular. Es por esto que todo terrorismo es político en tanto su finalidad.
La táctica terrorista consiste en propagar el terror colectivo en una sociedad sobre la cual se quiere incidir, por medio de actos muchas veces espectaculares, difundidos por los medios de comunicación masiva y que demuestren de forma palmaria que los autores tienen la ventaja estratégica de operar sin que los cuerpos de seguridad del Estado puedan detectarlos previamente, sobre todo si tales cuerpos de seguridad corresponden a Estados que rigen sociedades abiertas. El temor colectivo es la respuesta psicosocial provocada por el estímulo de la violencia política inesperada y brutal. El mensaje que se le da a la sociedad es que bajo las condiciones de dirección política en la que se encuentra no es posible que se cuente con las garantías mínimas de seguridad, por lo cual se instiga a la sociedad a que ceda retirándole el apoyo al grupo político gobernante, deslegitimándolo y, en consecuencia, abriendo el camino para una transición a otra situación política que se estima favorable por parte del grupo interesado, que operó por medio del cultivo del terror.
El ataque del 11 de marzo en Madrid es un ejemplo clásico y posiblemente se conviertan en una referencia política y académica para la comprensión del alcance que puede tener el terrorismo como instrumento político. Lanzar un ataque terrorista de la magnitud del ocurrido en Madrid a sólo tres días de unos comicios generales es un acto que tiene una clara lectura: el objetivo del 11-M era electoral.
La participación del gobierno español, dirigido por el Partido Popular, en la operación Iraki Freedom y en la posterior ocupación del territorio iraquí, condujo a España a volver al terreno de las potencias de primer orden, con todos los beneficios y costos que ello supone. En la War on Terror, dirigida por la administración Bush, el gobierno de Aznar se había convertido en un aliado comprometido, junto con el Reino Unido, en la campaña dirigida a limitar los medios y la libertad de acción de los grupos terroristas internacionales, los cuales han venido tejiendo una compleja red concéntrica de relaciones en las que la transferencia de tecnología, inteligencia estratégica y adiestramiento es la clave para llevar el terror a cada punto del planeta y causar una transformación del orden mundial unipolar de un modo sistemático. Al-Qaida se ha convertido en la cabeza visible de dicha red mundial, sobre la cual hay evidencia de contactos directos e indirectos con el Abu Sayaf indonesio, el HAMAS palestino, el HEZBOLLA libanés, las FARC colombianas, el IRA irlandés y la ETA vasca, entre otras agrupaciones terroristas y sectores gubernamentales y militares. La responsabilidad de las acciones de alguno de estos grupos sobre cualquier punto del planeta converge en el centro de la red y llega a vincular a otros ramales terroristas en tanto pueden ser colaboradores en materia de inteligencia, planificación estratégica, táctica o logística.
El ataque de Madrid, como preludio electoral español, buscaba, y así lo logró, revertir una situación política favorable al PP pero desventajosa para las agrupaciones terroristas y algunos gobiernos alrededor del mundo, inconformes todos éstos con la actual situación del orden mundial, situación a la que colaboraba el gobierno de Aznar aportando recursos militares y diplomáticos. En consecuencia, la victoria del Partido Socialista Obrero Español, del domingo 14 de marzo, encaja en la estrategia mundial de subvertir el statu quo internacional y nacional –en el caso estrictamente español-. El PSOE del Secretario General y hoy Presidente de gobierno electo, Rodríguez Zapatero, ha dado muestras de tibieza ante el nacionalismo vasco radical, así como ha querido desvincular a España de las responsabilidades diplomáticas y militares contemporáneas. Un gobierno socialista en España, que luce dispuesto a transigir en materia de terrorismo y radicalismo de izquierda internacional, quebrará la alianza transatlántica tripartita lograda en las Azores y debilitará la posición del mundo occidental en materia de seguridad internacional.

V.M.
http://www.analitica.com/va/internacionales/opinion/1258832.asp