jueves, 17 de septiembre de 2009

Diálogo de potencias


El pasado martes 15 de septiembre estuve como invitado en el programa “Aló Ciudadano” de Globovisión en calidad de experto en asuntos estratégicos e internacionales para hablar sobre la reunión de ministros de exteriores y defensa de la Unasur, así como también sobre la carrera armamentista en la región. En medio de la entrevista, y luego de una breve digresión sobre el estado del sistema internacional, tendiente a la multipolaridad desbalanceada, afirmé que la compra de armas a Rusia y sobre todo el reconocimiento de las soberanías de Osetia del Sur y Abjasia, provincias separatistas de Georgia en la región de Cáucaso, obedecían a una estrategia por parte de Venezuela para consolidar una cooperación más estrecha con Rusia. A su vez, indiqué que Rusia está utilizando la oposición de Venezuela a los Estados Unidos para transferirle a la primera sistemas antiaéreos y antimisiles como respuesta al escudo antimisiles que Washington estaría por desplegar en Europa central. A pesar de las dudas del entrevistador, aseveré que se estaba planteando una situación de diálogo entre potencias y que Venezuela estaba siendo empleada como instrumento de dicho diálogo.

Hoy, jueves 17 de septiembre, se hace público el anuncio de la renuncia de los Estados Unidos a la instalación del escudo antimisiles que tanto había incomodado a Rusia. Ello sin duda responde a factores que van más allá de la venta de sistemas de defensa a Venezuela, pero también debemos considerar que el diálogo entre potencias (y sobre todo entre dos potencias con una larga historia de comunicación, rivalidad y malentendidos) se realiza más allá de las palabras. Los códigos en política internacional son múltiples y los medios de comunicación predilectos son los gestos aparentemente inconexos. El anuncio estadounidense afirma que han reconsiderado a la baja la amenaza iraní sobre Europa, cuando lo cierto es que nunca existió tal amenaza (al menos hasta ahora, cuando los vectores iraníes apenas tocarían a Israel, Arabia Saudita, Pakistán y Turquía, aliados de los Estados Unidos ene l vecindario de Teherán). El escudo antimisiles siempre estuvo dirigido a disminuir las capacidades rusas de amenazar a Europa y a las bases de la Otan. Rusia, casi de forma automática y sin que sea realmente interrogada, niega pactos secretos con Washington, pero los hechos hablan por sí mismos. Lo que habría que esperar en los próximos meses son las acciones que Rusia llevará a cabo para satisfacer el sacrificio de los Estados Unidos. Dudo que sea desfavoreciendo al gobierno de Venezuela, el cual le será útil para seguir negociando con Washington en el futuro inmediato, aunque no me cabe la menor duda en que las relaciones entre Moscú y Caracas no pasarán, por ahora, de gestos comerciales y energéticos, a menos que sienta que puede explotar más aun la aproximación a la Alba. Por lo que considero que Rusia se irá convirtiendo en el interlocutor válido ante Irán y mediando entre éste y Occidente.


La doctrina del Smart Power de los Estados Unidos está apuntando hacia la reconstrucción lenta de áreas de influencia, dándole a potencias emergentes como Rusia, China y Brasil la posibilidad de cumplir roles de seguridad en sus periferias. No hay, como todo en política, garantías de éxito en dicha estrategia. Podría revertirse y dejar a Estados Unidos sin posiciones claves en zonas vitales de Eurasia y América, pero en un mundo progresivamente multipolar quizá en menor de los males sea ofrendar esferas de influencia para hacer del nuevo orden un esquema de polaridad sometido a la negociación entre pocas grandes potencias.

V.M.