viernes, 19 de febrero de 2010

Europa quiere ser mayor de edad


Un grupo de cinco Estados europeos, Alemania, Bélgica, Holanda, Luxemburgo y Noruega, han hecho público su deseo de solicitar a Estados Unidos la retirada de su arsenal nuclear de Europa. Desde 1954 Washington ha emplazado misiles con ojivas y bases áreas con bombarderos nucleares en seis países de la región: Alemania, Bélgica, Holanda, Italia y Turquía. En la actualidad se estima que se encuentran 480 armas nucleares americanas en Europa, un número muy inferior a las más de 7,000 que emplazó entre mediados de los 60 e inicios de los 70, con un aumento significativo luego de la “Crisis de los Misiles”. La victoria sobre la URSS significó la posibilidad de disminuir el arsenal de 4,000 a 700 armas nucleares en tres años.

La justificación del emplazamiento original de armas nucleares americanas en Europa respondía a la amenaza convencional del Pacto de Varsovia y a la doctrina de contención desarrollada en tiempo de Harry Truman. La idea era crear un disuasivo en contra de la avasallante superioridad convencional soviética en tanques (126 divisiones) y hombres (4,440,000 efectivos). Cualquier intento de conquista o ataque en contra de Europa desataría una inmediata retaliación en contra de los principales centros urbanos y militares soviéticos. La cercanía de los misiles y aviones daba muy poco margen de maniobra potencial a Moscú y sus aliados.

Para un observador (muy) distraído parecería normal que el final de Guerra Fría fuese también el final de una Europa nuclearizada por Estados Unidos. Sin embargo, la demora en la renovación de los tratados de no-proliferación nuclear entre Moscú y Washington, el emplazamiento de misiles de mediano alcance en Kaliningrado, el desarrollo vectores de alta velocidad capaces de volar a baja altura para evitar la detección por medio de radares y la publicación de la doctrina de defensa rusa explicitando como principal amenaza a la OTAN, indican que la amenaza desde el Este no ha terminado. La Federación Rusa padece de un crónico problema demográfico (una densidad de 8.3 hab/Km2, la de Venezuela es de 30.2 hab/Km2) que ha debilitado en gran medida su poder latente, lo que le ha hecho recurrir al uso del petróleo y el gas como armas geopolíticas y a reafirmar frente a Occidente que aún posee y moderniza, no sin grandes inconvenientes, su arsenal nuclear.

La iniciativa de desnuclearizar el mundo de Barack Obama (lo que le valió el Nobel de la Paz 2009), luce como una iniciativa deseable, pero difícilmente realizable. A esta iniciativa se acogen los Estados que hoy hacen la petición. Lo que debemos advertir es que, por ingenua que puede parecer la solicitud, debe ser analizada desde una perspectiva racional. Tanto en Caracas como en Berlín se conoce el potencial de militar de Rusia, y con toda claridad se advierte la probabilidad de un Irán nuclear en el porvenir. Alemania, el corazón geopolítico y económico de Europa, puja por un espacio entre las grandes potencias. Es el sexto miembro de facto del Consejo de Seguridad, y su gasto militar ya es superior al 3% del mundial (equivalente al de toda América latina). Lo que prevemos es un posible relevo nuclear, que Alemania asuma la defensa de Europa central y oriental encarando a Rusia y sumando capacidad nuclear a Europa, contando sobre todo con el arsenal francés.

El tutelaje militar americano llegará pronto a los 65 años, tres generaciones de europeos han nacido y crecido bajo el paraguas nuclear de Estados Unidos. Pero la búsqueda de seguridad y prestigio obliga a Alemania, y a sus más cercanos aliados, a asumir la responsabilidad sobre su propio destino y alcanzar la posición mundial que la imprudencia y la impericia políticas le negaron dos veces el siglo pasado.