lunes, 16 de agosto de 2010

El dilema de la estrategia de salida


Avanzan los días, se publican las bajas militares de la OTAN en Afganistán, se acaba la paciencia de los electores de una alianza compuesta por democracias liberales. Son poco menos de dos mil los militares extranjeros caídos en Afganistán en nueve años, apenas 0,67% de los muertos en la Batalla del Somme en la Primera Guerra Mundial en cuatro y medio meses, pero las sociedades modernas ya no parecen dispuestas a sacrificios de esa magnitud. Ese criterio llevó a Obama a la presidencia de EEUU, pero, como señaló Clausewitz, así como las fuerzas armadas deben someterse al mando político, los políticos deben ser flexibles y aceptar los imperativos de la gramática de la guerra. David Petraeus, General que sustituyó al polémico McCrystal en el mando de las fuerza en Afganistán, ha sostenido que la retirada debe ser “flexible”, no sometida a rígidos calendarios. En menos de doce horas ha sido contradicho por la Casa Blanca, el gobierno de Obama sigue manteniendo a julio de 2011 como fecha para el inicio de la retirada.

La rigidez de la Casa Blanca responde a criterios electorales, los de las campañas presidenciales de 2008 y de 2012. En la primera, Obama, cubierto por el beneficio de la duda, se vio favorecido al prometer una salida pronta de Irak y Afganistán. Para la segunda, está obligado a presentar resultados concretos. El presidente Obama es rehén del candidato Obama. Por otra parte, la estrategia de salida pasa por debilitar a tal punto al movimiento talibán, que sus líderes se sientan obligados a negociar un acuerdo de paz con el fin de garantizar una presencia mínima en una federación afgana. Pero el Talibán ha encontrado santuario en Paquistán, un país que atraviesa una crisis de gobernabilidad empeorada con catastróficas inundaciones. La debilidad del gobierno paquistaní hace dudar sobre la conveniencia de abandonar Afganistán en manos de radicales, sobre todo considerando que Paquistán posee armas nucleares.

Cuando Clausewitz decía que la guerra tenía su propia gramática, pero no su propia lógica, pues ésta era proporcionada por la política, se refería a la política de Estado, no a la electoral. Debemos tener claro que Clausewitz nunca se enfrentó a los dilemas de la democracia, pero sí estudio y confrontó los dilemas geopolíticos en una era de turbulencias. El gobierno de EEUU se encuentra una disyuntiva: puede elegir una rápida retirada y ser consistente con su discurso, pero con la seguridad de que el balance de poder en Asia central quedará trastocado en su contra, dejando una situación más peligrosa que la existía el 11 de septiembre de 2001; o encarar el costo político de la transparencia, con un alto riesgo de derrota electoral en 2012. Este tipo de dilema nos recuerda que algunas veces el gobierno y el Estado también se enfrentan.

VM