miércoles, 11 de agosto de 2010

STRATEGOS #2: Geoestrategia Colombiana

Tal Cual, 11 de agosto de 2010

Del discurso de toma de posesión del presidente colombiano Juan Manuel Santos, resaltaremos un elemento para el análisis de esta semana: Colombia agradece los ofrecimientos de mediación en su relación con Venezuela, pero prefiere el diálogo franco y directo. El análisis no apunta a predecir con detalle lo que será la política exterior colombiana en la era Santos, sino descifrar y exponer un rasgo poco explorado de la geoestrategia planteada bajo Uribe: la contención doble; frente a la revolución bolivariana y frente al proyecto geopolítico de Brasil, al tiempo que ineludiblemente socaba la capacidad de combate de los grupos irregulares.

La estridencia de la confrontación colombo-venezolana ha ocultado la rivalidad que, en el marco de la nueva multipolaridad, se ha desarrollado entre EEUU y Brasil, potencia dominante y potencia emergente en nuestra región. Esa rivalidad, y el carácter expansivo del proyecto que impulsa Caracas, lograron que la alianza Bogotá-Washington evolucionara hacia su consolidación. La llegada de Obama al gobierno afectó la cohesión de la relación -como lo sugiere la disminuida comitiva estadounidense en la ceremonia de toma de posesión, un distanciamiento desconocido en tiempos de George W. Bush. Pero la alianza se mantiene por claros intereses geopolíticos. Colombia se eleva como un bastión de Occidente en los Andes, su sistema político ha resistido el avance del Socialismo del siglo XXI y al mismo tiempo ha jugado un papel importante en el debilitamiento de las propuestas brasileñas de la Unasur y de su Consejo Suramericano de Defensa, que no puede configurarse como un esquema de defensa colectiva por los estrechos lazos de cooperación militar entre uno de sus miembros más importantes y EEUU. A cambio, Colombia recibe un trato privilegiado en favor de sus aparatos de seguridad y de producción.

La geoestrategia colombiana desarrollada en la era Uribe, y que presumiblemente seguirá Santos en líneas generales, responde a una contención doble, de magnitudes y ritmos diferenciados. Mientras frena el avance del proyecto de la ALBA, obstaculiza la proyección geopolítica de Brasil, apuntalando los intereses colombo-estadounidenses. La contención es doble, aunque las apariencias por ciertas coincidencias ideológicas nos puedan llevar a pensar que Brasilia y Caracas juegan en el mismo bando. Por el contrario, la afinidad táctica de ambos proyectos es opacada por las diferencias estratégicas (sobre las que escribiremos en próximas entregas). Ello explica el interés de Santos por evitar que la mediación brasileña opere como una coalición oportunista en la práctica, lo que debilitaría el alcance de objetivos nacionales y lesionaría la base de su apreciada alianza con la superpotencia. De allí la preferencia por una distención negociada bilateralmente.