miércoles, 25 de agosto de 2010

Strategos #4: Y el ganador es... ¡Irán!


Tal Cual, 25 de agosto de 2010

“El Gran Juego”, ese fue el nombre que recibió la rivalidad entre ingleses y rusos por el control de Asia central. En este “juego” los imperios evitaban enfrentarse directamente, preferían luchar entre las sombras usando piezas reclutadas en el terreno y empleado, como jugadas, conspiraciones y revueltas. En tan maquiavélico torneo, Persia era el tablero; sus élites y población, piezas; y su posición geográfica y recursos naturales, el objetivo.

Lo dicho nos ayuda a entender la importancia geopolítica de Irán, un enorme petro-Estado ubicado en el corazón de un supercontinente. Pero hoy Irán no es un simple tablero de juego. La Revolución Islámica de 1979 desató las fuerzas humanas olvidadas de los persas y partos, las que tanto aterrorizaron a los griegos y romanos, nuestros ancestros culturales. Ocho años de cruda guerra con Irak no amilanaron a los iraníes, por el contrario, el bautismo de fuego de la República Islámica la ayudó a afianzar su control interno y a concebir nuevas tácticas, desarrollar nuevas armas y cultivar nuevas relaciones. En suma, a ganar más poder.
La retirada de las tropas de combate de EEUU y sus aliados de Irak, y la futura retirada de Afganistán, dejan tras de sí tambaleantes gobiernos influenciables por los persas chiíes, justo allí en donde antes hubo férreos enemigos de Irán. Esta potencia emergente está plagada de males propios de los petro-Estados de economías y sistemas políticos inmaduros (inflación, subempleo, autoritarismo e inestabilidad socio-política), pero la nueva situación estratégica que le comienza a legar su enemigo declarado, EEUU, eleva su prestigio e influencia internacional. Irán se da el lujo de desafiar las sanciones unilaterales de estadounidenses y europeos, mientras recibe ayuda tecnológica de los rusos y mantiene lazos económicos con China. El propósito de Moscú y Beijing es hacer retroceder a EEUU y a sus aliados de sus esferas de influencia, y se valen de Irán para volver a jugar el torneo de las sombras que ya rusos e ingleses conocen bien. Pero la élite de Irán no es una pieza sin voluntad, es un actor con intereses propios, como lo indican su desarrollo nuclear, armamentista y sus incursiones políticas y financieras en América latina, área de influencia tradicional de Washington.

Los acontecimientos geopolíticos de la última década han arrojado como resultado a un ganador inaudito. Los esfuerzos militares de Occidente no parecen haber contemplado todo el panorama político frente a sí, y eso está haciendo que la pesadilla de una frágil, pero decidida coalición asiática entre Irán, China y Rusia, deje a las que fueron potencias dominantes como actores marginales. La tesis multipolar se confirma, y Teherán, sabiéndose temporalmente ganadora, desafía.