miércoles, 1 de septiembre de 2010

Strategos #5: El eslabón más débil


Tal Cual, 01 de septiembre de 2010

En la compleja era que nos tocó vivir, anticipar graves conflictos armados se ha convertido en una labor más dura de lo que se creyó que sería. Teniendo un vasto registro de más de veinticinco siglos de historia de la guerra, lo suficiente como para sentirnos confiados de nuestro conocimiento acerca del fenómeno social más traumático, resulta impresionante todo lo que aún nos falta por aprender. La multipolaridad, situación internacional ya conocida, nunca antes había coincidido con un global multiculturalismo, ni con el poder de las armas de destrucción masiva.

Los grandes poderes mundiales evitan enfrentarse directamente por los altos costos de la guerra moderna, pero la capacidad de propinar daños insoportables ya no es monopolio de las potencias y sus gobiernos.

Pakistán es un país curioso por muchas razones, pero quisiera destacar sólo su mayor peculiaridad: es el único país musulmán que posee armas nucleares. Distinto a lo que cree esa fanática corriente anti-islámica, esa peculiaridad no hace que Pakistán sea una amenaza automática (estadounidenses y chinos le entregaron de buena gana el secreto nuclear, ¡y ya eran islámicos!). Lo que convierte a Pakistán en el eslabón débil de la cadena de la seguridad internacional, es un frágil gobierno incapaz de contener dos peligros inminentes, al Talibán y al riesgo de los desastres naturales.

En una ocasión el fallecido politólogo estadounidense Samuel Huntington dijo que, en lo que respecta a sociedades con sistemas políticos inmaduros, no era importante el tipo de gobierno sino el grado de gobierno. Huntington hacía así alusión a la necesidad del control político como rasgo fundamental en sociedades que aspiraban a modernizarse. Con el fin de la dictadura de Musharraf se reabrió la posibilidad de un Pakistán democrático, pero con esa apertura también se le da cabida a las debilidades propias de una democracia incipiente, sin instituciones y con serios frenos culturales para el desarrollo de estructuras constitucionales liberales.

No cabe duda que en nuestra primera vista sobre el mapa político mundial destacamos muchos eslabones débiles; gobiernos hundidos en la corrupción, sociedades penetradas por el tráfico ilícito de casi cualquier cosa, carencia de instituciones y garantías para los ciudadanos, violencia anárquica, entre otros. En cada uno de ellos el potencial de conflicto es alto, y el riesgo de diseminación empeora la situación, pero la proximidad de fuerzas radicales al arsenal nuclear pakistaní hace que la ruptura de ese anillo contenga una energía capaz de transformar el panorama geopolítico y el futuro mismo de la guerra.

Si esos instrumentos llegan a manos de esa nueva insurgencia global, el peligro no será su uso directo, sino su proliferación a manos de redes informales. Veinticinco siglos de guerras registradas no nos han preparado para eso.

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