miércoles, 15 de septiembre de 2010

Strategos #7: Ecuador: ¿semper fidelis?


Tal Cual, 15 de septiembre de 2010

Entre julio y agosto se llevaron a cabo los ejercicios militares multinacionales más importantes de nuestro hemisferio: Unitas 51-10, y Panamax 2010. El primero dirigido por la Armada de EEUU, y el segundo promovido por el Comando Sur. Ejercicios aeronavales, anfibios y contraterroristas de rutina, pero con un elemento en común: en ambos participó activamente un miembro de la ALBA, Ecuador.

El gobierno de Rafael Correa ha mostrado un gran interés en imitar aspectos de la arquitectura constitucional y la reingeniería institucional de la “Revolución Bolivariana”, sobre todo en aquellos que permiten un mayor control político central, minimizar las críticas y prolongar su estadía en el poder. Otro aspecto que ha ganado la atención ecuatoriana en su relación con Venezuela es el financiero, con énfasis en el llamado Sistema Único de Compensación Regional (Sucre). Y en el ámbito militar, Ecuador recibirá como donación 10 aviones de combate Mirage-50 de Venezuela. En la crisis de marzo de 2008, Venezuela se solidarizó con Ecuador, lo que en buena medida justificó el cambio de la ALBA a mediados de 2009, que pasó de “Alternativa Bolivariana para los Pueblos de América”, a “Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América”, un giro que advertía la intención de Caracas por convertirla en un instrumento de defensa colectiva.

Pero en Quito parecen pensar distinto en términos estratégicos. Casi un año tardó el gobierno de Correa en reconocer oficialmente la transformación de la ALBA en una alianza, y apenas lo hizo cuando quedó claro que no habría compromiso militar de por medio, como lo sugiere la coletilla TCP (Tratado de Comercio de los Pueblos). Al igual que todos los Estados americanos con costas en el Océano Pacífico, Ecuador prefiere fortalecer sus lazos económicos con Asia Oriental, y militares con EEUU. Mientras tanto, estos Estados establecen en la práctica un estatus de balance que garantiza relaciones pacíficas entre ellos. Este comportamiento exterior responde a un cruce de ejes geopolíticos que hoy ofrece ventajas naturales al eje andino-pacífico. Al viaje de Correa al Noreste Asiático, y a la participación de las fuerzas armadas ecuatorianas en ejercicios auspiciados por EEUU, se suma la nueva etapa de normalización en las relaciones con Colombia, el mismo país que perpetró la mayor violación a la soberanía territorial de Ecuador en tiempos de paz. El pragmatismo ecuatoriano apunta a satisfacer, al mismo tiempo, intereses nacionales de largo plazo y objetivos gubernamentales inmediatos de conservación del poder.

Esta realidad coloca a la ALBA en general, y a Venezuela en particular (pilar de la alianza), en una posición desventajosa de relativo aislamiento regional. La voluble e interesada fidelidad ecuatoriana es una señal que llama la atención sobre nuestra falla en la evaluación de la realidad internacional y en la definición de objetivos político internacionales realistas.