miércoles, 22 de septiembre de 2010

Strategos #8: Legislar para la incertidumbre

Tal Cual, 22 de septiembre de 2010


La política internacional está sometida al principio de incertidumbre, agravado por la floreciente multipolaridad. Desconocer las intenciones y capacidades reales de otros Estados coloca a los responsables de la política exterior en una difícil situación, pues bajo ésas adversas circunstancias deben prever las acciones de otros. La estrategia que cada Estado desarrolla está fuertemente vinculada a sus capacidades, sobre todo las económicas y militares. Así, los más débiles se aferran a las garantías del Derecho Internacional, mientras las grandes potencias se encuentran en perennes carreras por ser más poderosas y culturalmente atractivas. Pero, ¿qué hacemos todos aquellos que nos encontramos en medio, sobre todo cuando se es un Estado dependiente de la exportación de petróleo? Los Estados medianos siempre enfrentan incómodos dilemas como éste.
A cuatro días de elegir un nuevo Parlamento, vale la pena señalar brevemente para qué sirve este cuerpo de cara a la realidad internacional. El dilema de los medianos se debe resolver por medio de la elección de una estrategia combinada que tenga como punta de lanza una diplomacia profesional. La profesionalización diplomática (rasgo que perdimos en esta primera década del siglo XXI) permite contar con un equipo permanente, capaz de renovarse por oleadas de nuevos funcionarios admitidos por sus aptitudes, que funciona integrando funcionarios-investigadores que monitorean la realidad política internacional, elaboran hipótesis y presentan cursos de acción viables al Ejecutivo. La diplomacia profesional no resuelve el problema de la incertidumbre, pero lo mitiga al permitirle al Estado elevar su curva de aprendizaje internacional y actuar en consecuencia. 
Por otra parte, el Legislativo cumple con una función de control sobre la política exterior, lo que impide al Ejecutivo llevar adelante acciones externas arbitrarias. Esta función se ejerce ratificando el carácter exequible y la validez, conforme a la constitución y a los intereses nacionales, de los tratados internacionales que acuerde el Ejecutivo. La función de control depende de dos supuestos: la legitimidad del proyecto constitucional como uno de carácter nacional, y la claridad que tenga el parlamentario sobre el interés nacional.
En suma, legislar para incertidumbre significa re-profesionalizar la carrera diplomática para mejorar los reflejos externos del Estado, y hacer una revisión de nuestras relaciones y tratados a la luz de criterios de largo plazo, de intereses nacionales y no partidistas. Esto no debe ser tomado como una preferencia académica ortodoxa, sino como una estrategia nacional que nos permita gestionar con éxito nuestras relaciones exteriores en un mundo peligroso y complejo.
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