viernes, 10 de septiembre de 2010

Top 5 de la década... nuevas alianzas

La alianza es un viejo mecanismo político que siempre ha resultado de gran utilidad en la política internacional. El proceso hacia la multipolaridad que hemos visto en esta década que finaliza tiene un efecto determinante en las alianzas internacionales, pues una mayor polaridad incrementa la inestabilidad de las alianzas. El Top 5 de la década de esta semana se refiere a nuevas alianzas, legítimas hijas de la nueva multipolaridad.

5) Venezuela-Cuba, desde 2000: rivalidad histórica convertida en cooperación revolucionaria.
Esta alianza se escapa por unos meses de nuestra década, pero no podía dejarla por fuera por los efectos que ha tenido para la región. Venezuela y Cuba han sido rivales históricos. Líderes de fuertes personalidades y proyectos políticos competitivos han alimentado la rivalidad. Pero la vocación revolucionaria de Venezuela parece coincidir ideológicamente con el liderazgo cubano. A pesar de la evidente asimetría de recursos, Cuba parece ser el senior partner en esta alianza, lo que la hace aun más interesante desde el punto de vista politológico. Esta alianza es el eje de la ALBA, proyecto emergente que desafió al orden imperante en el hemisferio.

4) Venezuela-Irán, desde 2001: una alianza que desafía a la geografía.
Entre los múltiples acuerdos energéticos y comerciales que han firmado Caracas y Teherán, ha paso desapercibido el de asistencia militar recíproca. La distancia entre los aliados hace dudar de la capacidad efectiva de asistencia mutua, pero el potencial mineral del sur de Venezuela, sobre todo las reservas de uranio, y el programa nuclear iraní, llevan a pensar que en un futuro la asistencia militar pueda llegar a ser una realidad al mediano o largo plazo.

3) EEUU-Irak, desde 2005: nuevo régimen, vieja alianza.
Las relaciones entre Washington y Bagdad tienen una turbulenta historia forjada al calor de la Guerra Fría. En la era post-Saddam EEUU no podía darse el lujo de perder los beneficios geopolíticos de contar con la posibilidad de posicionarse en este pivote. El tambaleante federalismo a la iraquí parece alejar las posibilidades de una alianza cohesionada. Sin embargo, en Irak permanece estacionada una fuerza de 50 mil hombres y está en vigencia un acuerdo de cooperación militar.

2) EEUU-Afganistán, desde 2004: una alianza crítica siempre al borde de la crisis.
La excelente posición geográfica de Afganistán contrasta con la pesadilla de su composición étnica y constitución topográfica. Afganistán es un aliado de gran valor estratégico, pero de alto costo político (el costo de sostener a una cleptocracia muy ineficiente en materia de políticas públicas en general). El cambio de régimen creó un giro automático en la relación con EEUU, pero las alternativas (mantenerse y soportar el desprestigio y los gastos sin garantía de éxito, o marcharse dejando atrás la posibilidad de una nueva era de influencia talibán), luego de nueve años de guerra, no pintan un buen futuro para esta alianza, tan trascendental para comprender la historia de la primera década del siglo XXI.

1) Organización de Cooperación de Shanghái (Rusia-China-Kazajistán-Kirguistán-Tayikistán-Uzbekistán), desde 2001: la alianza que cambió la cara de la geopolítica mundial.
Lo que comenzó como un acuerdo de desmilitarización de fronteras, evolucionó como una alianza orientada a limitar la influencia de Occidente en Eurasia. La OCS realiza regulares ejercicio militares en los que nunca se invitan a observadores estadounidenses. La rivalidad sino-rusa por el control de Asia Central se convirtió en cooperación para un control compartido, logrando, entre otros resultados, presionar a Kazajistán para que en 2006 expulsara a la base aérea que EEUU había instalado en la inmediata desmembración soviética. Ver en el mapa el espacio que ocupa la OCS es equivalente a entender la magnitud de la alianza, sobre todo si se tiene una visión mackinderiana del mundo.