miércoles, 6 de octubre de 2010

Strategos #10: Consideraciones sobre Brasil (1/5)

Tal Cual, 06 de octubre de 2010


A propósito de las elecciones en Brasil, esta columna publicará una serie de cinco artículos sobre su estrategia nacional. El objeto es ofrecer una visión general sobre el auge de Brasil a través de respuestas a cinco preguntas. La de hoy es: ¿tiene Brasil lo necesario para ser una gran potencia?

Las desigualdades sociales de Brasil siguen presentes, pero es destacable el crecimiento de su ingreso nacional, lo que ha permitido mejorar la calidad de vida de su numerosa población. Las universidades de Brasil son la élite de la educación superior latinoamericana, y sus puntos fuertes están precisamente en investigación y desarrollo. Si a eso sumamos el aparato industrial del país (más de la mitad del latinoamericano), es posible hacerse una idea de sus capacidades demográficas y económicas con respecto a su entorno. Desde el punto de vista militar, Brasil ha desarrollado una industria aeronáutica que se da el lujo de exportar aviones a EEUU y China, por ejemplo. La flota brasileña es la segunda del hemisferio y sus preocupaciones navales están concentradas en el Atlántico sur.

Todo indica que Brasil tiene, en general, los atributos materiales para ser considerado un candidato a gran potencia. Sin embrago, mis dudas se centran en su aún no demostrada capacidad de tener una influencia determinante en la región, y en no haberse convertido en una referencia positiva para la seguridad internacional. Hoy una gran potencia debe exportar seguridad, y el manejo de crisis internacionales no ha sido el fuerte de Brasilia (véanse casos Honduras e Irán). En su carrera por el crecimiento, Brasil ha jugado a consentir las maniobras de expansión de la ALBA. El objetivo de esto ha sido contener el proyecto liberal de la alianza EEUU-Colombia, razón por la cual la potencia emergente ha procurado sus buenos oficios para el diálogo, pero sin imponer su peso geopolítico para una solución estructural de la rivalidad colombo-venezolana, la cual ha aprovechado para ampliar su influencia económica hacia el norte (asumiendo que su expansión sur está gestionada mediante Mercosur).

Además, Brasil ha querido jugar a adelantar la historia proponiéndose muy tempranamente como interlocutor válido entre el Consejo de Seguridad e Irán. Esta maniobra conjunta con Turquía elevó los niveles de alerta de las potencias establecidas, dejando a Brasil en la incómoda posición de sancionar a Irán, retractándose en la práctica con el fin de ganar de nuevo la confianza de los miembros de un club al que quiere pertenecer.
Brasil tiene lo necesario para ser una gran potencia, pero sus fallas se encuentran en la prudencia política. La historia ha enseñado que el manejo de los tiempos es la tarea central de las potencias emergentes, y querer acelerar los momentos, bien sea por razones prácticas o ideológicas, puede acarrear significativos retrocesos en una carrera hacia el éxito mundial.