jueves, 14 de octubre de 2010

Strategos #11: Consideraciones sobre Brasil (2/5)

Tal Cual, 14 de octubre de 2010


Brasil debe desarrollar una influencia regional decisiva si quiere ser visto como un poder mundial. Pero eso levanta otra duda en nuestra serie de consideraciones: ¿cómo afecta ese proyecto de poderío su relación con EEUU?

Las relaciones entre potencias establecidas y emergentes son un aspecto fascinante de la política internacional. Cada caso de lo que llamamos “transición de poder” parece mostrar resultados diferentes. Podemos agrupar esos resultados en transiciones violentas y pacíficas. En las primeras, las potencias emergente y establecida buscan una fórmula de coexistencia a partir de intereses comunes; en las segundas, se enfrentan como amenazas existenciales a sus propios poder, prestigio y seguridad.

No luce Brasil como una potencia emergente que tenga las cualidades para competir de igual a igual con EEUU (sólo China parece un contendor creíble). Pero en términos regionales, y dada la debilidad relativa de sus vecinos, Brasil ya experimenta el gusto por la influencia internacional, justo en donde EEUU ha gozado de preeminencia por más de un siglo.

Pero Brasilia ha tratado de concertar sus movimientos con Washington para evitar incómodos impases. La propuesta Unasur y su Consejo Suramericano de Defensa aparentan ser una afrenta a la OEA, al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca y a EEUU en general. Sin embargo, debemos recordar que la propuesta Unasur-CSD fue negociada en Washington por el Canciller Celso Amorim y la Secretaria de Estado Condoleeza Rice, antes de ser presentada formalmente en Suramérica. La delimitación del área formal de influencia suramericana de Brasil, parece ser la fórmula de coexistencia a partir de intereses comunes.

El saliente gobierno de Lula ha dedicado buena parte de sus esfuerzos en materia de política exterior en vender a Brasil como el interlocutor idóneo de EEUU para tratar temas delicados en la región. Suficientemente ideológico como para tener ascendencia sobre los gobiernos revolucionarios, y suficientemente pragmático como para compartir objetivos de seguridad con Washington, esa es la promesa que con éxito se ha mercadeado. Mientras tanto, Brasil logra absorber importantes inversiones estadounidenses y, al mismo tiempo, colocar las suyas en países de su periferia.

La transición de poder en el hemisferio no ofrece perspectivas de ser completa en el lapso de nuestras vidas, y mucho menos violenta, pues las diferencias son abismales. Pero la influencia de Brasil sí parece avanzar, y lo hace con la venia de la potencia histórica. Aunque no todo es tan armonioso, como lo demuestran los casos del torpe manejo de las crisis hondureña e iraní, y la aceptación brasileña de la profundización de la alianza EEUU-Colombia (que se podría extender a lo largo de los Andes), sólo una política imprudente podría afectar a la esfera de influencia en construcción de la potencia emergente.