miércoles, 29 de septiembre de 2010

Strategos #9: FARC: mutar o morir

Tal Cual, 29 de septiembre de 2010



A partir del final de la Segunda Guerra Mundial los Estados modernos encararon el surgimiento de la hipotética guerra nuclear, y de la muy concreta y extendida guerra revolucionaria. Esta última nació con motivación y justificación políticas modernas: la liberación popular fundamentada en la lucha de clases y el “anti-imperialismo”. No es poca cosa, pero hasta allí llegan sus dogmas, pues en la guerra revolucionaria las doctrinas tácticas deben ser plásticas, dispuestas a mutar o a morir.

Es esa capacidad evolutiva la que me lleva a pensar que el fin de las Farc no está tan cerca como el gobierno colombiano quiere hacer ver. Es estratégicamente comprensible el interés de Bogotá por convencer a los comandantes guerrilleros y a la opinión pública de que es “el principio del fin”, porque una guerra, sobre todo de contra-subversión, no se gana en el campo de batalla, sino en las mentes del enemigo, cuando se ha derrumbado su ánimo de lucha. Sin embargo, para alcanzar ese punto las expectativas del combatiente deben parecerle desoladoras, y ese aún no es el caso de las Farc.

Es cuestionable la motivación política en individuos tan pragmáticos como el recién abatido “Mono Jojoy”, cerebro de la estructura de negocios de la organización. En el caso de “Alfonso Cano”, un ideólogo, la motivación política podría mantener su chispa, y más cuando es financieramente alimentada por el lucrativo narcotráfico. Por codicia y por ideología, poderosa combinación, las FARC tienen razones para seguir en lucha, pues la guerra es su motivación y su negocio.

Pero la estructura de la organización debe cambiar para que persista, y desde hace tiempo está cambiando. De la rígida estructura del Secretariado se ha pasado a una fase de mayor autonomía de bloques. Cada golpe que asesta el Estado colombiano se traduce en una mayor desarticulación del mando unificado. Las Farc se dirigen aceleradamente hacia la constitución de una red. La organización reticular reduce la contundencia, sin duda, pero mantiene el ánimo bélico por más tiempo, siempre y cuando cada bloque se haga con una parte del negocio de la droga y pueda contar con santuarios dentro y/o fuera de Colombia.


Los nodos de la red, los comandantes de bloque y miembros del Secretariado (figuras jerárquicas no siempre coincidentes), mantienen el mando central colegiado para sostener y constituir alianzas, y para evitar confrontaciones entre sus propios bloques, pero sin necesariamente comprometer a toda la organización. En esta guerra larga la voluntad de lucha está asociada a las motivaciones concretas y difusas, razón por la cual la tarea reciente del Estado ha sido modernizarse, integrar a Colombia a los grandes mercados, cultivar importantes alianzas, y desarrollar un creciente orgullo nacional. Sin prosperidad, apoyo y alta moral, no se puede confrontar con éxito la guerra prolongada que las Farc aún proponen.