miércoles, 20 de octubre de 2010

Strategos#12: Pocker Face

Tal Cual, 20 de octubre de 2010

Hacemos una pausa en nuestra serie “Consideraciones sobre Brasil”, para comentar el alcance de algunos de los acuerdos de importancia estratégica que Venezuela ha concertado con Rusia.

Cada vez que nace una potencia nuclear, las que poseen las armas pierden parte de su capacidad disuasiva, pues su principal uso no es militar sino político. Quienes las poseen incrementan su influencia de forma desproporcionada. Por tal razón, desestimo que Rusia vaya a armar nuclearmente a Venezuela, eso lesionaría su propia influencia internacional (toda potencia nuclear es enemiga de la proliferación). Pero en la actualidad, la impresión psicológica es tal que no hace falta usarlas. Y me atrevo a decir más, ni siquiera hace falta tenerlas, pues con hacer creer a sus adversarios que tienen la posibilidad de obtenerlas de algún modo, o de hacerse con material radioactivo, los Estados y grupos insurgentes ya comienzan a lograr metas por medio de alardes que van más allá de sus capacidades reales. Ese juego de intimidación es practicado con cierto éxito por Corea del Norte e Irán, cuyos gobiernos han hecho de esta maniobra su marca en la nueva multipolaridad, y pueden ser modelos de política exterior para el gobierno venezolano, dado que comparten rasgos como poder nacional limitado y confrontación con las potencias occidentales y sus aliados. Esa conducta alimentaría la perturbación hemisférica, favoreciendo geopolíticamente a Rusia, quien se siente asediada en sus antiguas áreas de influencia.

Pero detrás de la cortina nuclear y de los pesados tanques T-72 y T-90, yace la adquisición de un tipo de armamento que verdaderamente encaja con el espíritu de la Revolución Bolivariana: los sistemas de misiles tierra-aire S-300. De bajo mantenimiento, alto desempeño, y rápido y furtivo despliegue, los S-300, que por resolución del Consejo de Seguridad Moscú no pudo venderle directamente a Teherán, pasarán a manos de Caracas. No es descartable una triangulación en la que Rusia transfiera el armamento sin recibir censura de las demás potencias, Irán lo obtenga por medio de Venezuela, y ésta conserve una parte del arsenal. La estrategia convencional moderna de Occidente presupone la superioridad aérea, lo que sería mucho más difícil de garantizar frente a un eficiente sistema tierra-aire. La ausencia de radares y la presencia de los S-300 incrementan la incertidumbre sobre las actividades de Venezuela e Irán en sus territorios, logrando una persistente inestabilidad a un bajo costo.

En síntesis, lo que la geografía y el poder niegan a Venezuela es un sistema de alianzas efectivo con poderes eurasiáticos. Pero se pretende subsanar este aislamiento geoestratégico con adquisiciones que permitan alcanzar objetivos tácticos revolucionarios: incertidumbre y desestabilización. El método de una gran potencia revolucionaria es la guerra, pero el de una potencia revolucionaria menor es el desconcierto.