miércoles, 3 de noviembre de 2010

Strategos #14: Consideraciones sobre Brasil (4/5)

Tal Cual, 03 de noviembre de 2010


Definido en panorama con la victoria de Dilma Rousseff, y habiendo explorado el potencial y las relaciones de Brasil con EEUU, y con otras potencias emergentes, vale la pena preguntarnos: ¿qué implica la carrera brasileña de prestigio y poderío para su entorno latinoamericano?

En primer lugar debemos destacar que las categorías de la escuela geopolítica brasileña han cobrado un importante auge en círculos intelectuales y políticos, pues de la noción de “América latina” hemos pasado, de forma casi imperceptible, a “Suramérica”. Cuando se habla de América latina se incluye a los EEUU como potencia históricamente determinante, además de incluir a un país tan culturalmente influyente como México. Pero cuando se habla sólo de Suramérica el peso geopolítico de Brasil se hace sentir ante la ausencia de competidores de su talla.

Con respecto al auge de Brasil, existen dos opiniones generalizadas. La corriente dominante latinoamericana es favorable al repunte de Brasilia como nuevo polo de poder. Quizá siguiendo en un nuevo sentido el fenómeno del poder vicario, o dándole la razón a los estudios culturales, una parte importante de los latinoamericanos sienten simpatía por el crecimiento de la influencia brasileña. La idea de hacer un contrapeso a los EEUU parece ser suficiente para motivar coincidencias tácticas entre proyectos radicales socialistas y otros de reivindicación histórica socialdemocrática y latinoamericanista. Pero en la propia Washington parece haber una opinión favorable a Brasil, en tanto se presenta como un interlocutor más racional y ordenado, además de ser capaz de dialogar con todas las fuerzas del hemisferio. Ello motivó el surgimiento, sin resistencias aparentes, de la UNASUR.

Lo que no parece advertir esta corriente proclive al poder de Brasil es lo que ese auge responde más a criterios de interés nacional que de un abstracto concepto de “unidad latinoamericana”. Las élites de la potencia emergente están conscientes que para lograr sus objetivos de prestigio y poderío deben contar con el consentimiento y afinidad de su entorno inmediato. En un despliegue de “poder blando” (atractivo cultural y difusos valores convergentes), Brasil ha logrado hacerse con una opinión favorable a sus propósitos. Eso se traduce en la gustosa recepción de capitales brasileños, la colaboración en la construcción de infraestructura que beneficie las salidas de Brasil al Caribe y el Pacífico, la expansión de mercados receptores de sus productos en su periferia, y el aval latinoamericano para ser el potencial representante de la región en instancias como el Consejo de Seguridad.

Los procesos de confederación, federación y unificación siempre son llevados adelante por una potencia central, destacada en cuanto a poder, propósitos y voluntad. En el caso “suramericano”, esa locomotora parece ser Brasil. No obstante, antes de aceptar de forma acrítica su liderazgo regional, sería conveniente hacer revisiones hispanoamericanas en materia de intereses nacionales.


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