miércoles, 17 de noviembre de 2010

Strategos #16: 20 son Multitud

Tal Cual

La semana pasado las veinte mayores economías del mundo se reunieron en Corea del Sur con el fin de llegar a un acuerdo que regule, principalmente, los mecanismos proteccionistas y las devaluaciones competitivas -mejor conocidas como “guerra de divisas”. Los acuerdos alcanzados lucen muy débiles, pues el sacrificio que tendrían que hacer las potencias emergentes (dejar flotar sus monedas) afectaría el crecimiento de sus economías, mientras que las potencias occidentales más avanzadas tendrían que reducir sus déficits fiscales y levantar sus medidas proteccionistas (afectando el nivel de bienestar proporcionado a sus ciudadanos y haciéndose menos competitivas frente a los emergentes). Las intenciones públicas van por un lado y los objetivos reales, por otro.

Pero lo más interesante, al menos desde el ángulo de los estudios de seguridad internacional, es que la estabilidad del mundo dependa de un número tan significativamente alto de Estados. El mecanismo de congresos es la base de la seguridad de las relaciones internacionales modernas, es cierto. Y el número de Estados ha crecido enormemente, sobre todo a partir de los significativos cambios heredados de las dos guerras mundiales y la guerra fría. El lector avezado diría que la existencia de un G-20 responde a la lógica de crecimiento aritmético del número de Estados del sistema internacional. Ese lector estaría en lo correcto. Pero en temas de toma de decisiones, donde cada voluntad cuenta, son los números absolutos, y no tanto los relativos, los que verdaderamente importan. Sólo para ilustrar, las díadas de negociación entre veinte individuos son 190, es decir, 190 diálogos distintos que deben llegar a feliz término.

Las confrontaciones económicas del orden mundial actual son estructurales, en tanto responden a una particular distribución internacional de las capacidades e influencias. En sistemas multipolares, pero aun asimétricos, las probabilidades de conflicto armado son mayores. No obstante, la realidad emergente de esas configuraciones genera vías alternas a la guerra convencional. Las más ocultas apuntan al apoyo de grupos rebeldes o a países revolucionarios adversos a los rivales. Las más públicas se dirigen hacia el mercantilismo como estrategia de agresión económica. La “guerra de divisas” es una expresión de mercantilismo en tiempos contemporáneos, y su auge ha antecedido otros tipos de conflictos (armados) en otros tiempos.

El signo multipolar de hoy, fuertemente asociado al principio de “igualdad a toda costa” (hasta en la política internacional), hace inevitable que al menos dos decenas de gobiernos sean los llamados a tomar medidas trascendentales. Pero a eso se añade que la probabilidad de fracaso sea también un acentuado rasgo de nuestra era. Por ello, esperar un verdadero compromiso dentro del G-20 no luce como la opción más recomendable.