miércoles, 24 de noviembre de 2010

Strategos #17: OTAN: Nuevo Concepto Estratégico

Tal Cual, 24 de noviembre de 2010


Una sobreviviente de la Guerra Fría, que puede ser considerada un arquetipo en su especie, se resiste a desaparecer. Las alianzas son producto de la reacción, dependen de la existencia de un poder amenazante. Es por eso que para una alianza el segundo peor escenario es la desaparición del enemigo. Una vez superada la amenaza, los miembros comienzan a preguntarse: ¿para qué seguir asumiendo el costo económico y político del alineamiento militar? Dos décadas críticas han precedido a la reciente cumbre de la OTAN, y su nuevo concepto estratégico es el producto de las evasivas enseñanzas de esta etapa de transición del sistema internacional.

La OTAN se ha reservado el derecho a actuar en cualquier lugar del mundo en donde la seguridad de sus miembros pueda verse amenazada. No sin sarcasmo, algunos recordarán dos nombres: Serbia y Afganistán. Sí, en Serbia la OTAN actuó, y esa experiencia está asociada a su segundo concepto estratégico, según el cual ningún espacio europeo era ajeno a su preocupación. Pero eso, ¿no deja por fuera a Afganistán? Sí y no. Afganistán no entra en el concepto estratégico de 1999, pero allí actuaron miembros OTAN por iniciativa propia, es decir, no actuó la alianza sino una coalición. La organización entró en acción plena cuando el nuevo gobierno afgano, previa negociación intra-alianza, invita a las fuerzas a actuar en conjunto. El nuevo y ambiguo escenario ha precipitado un concepto estratégico amplio.

En paralelo se ha apaciguado al oso ruso con dos gestos: la OTAN declara que Rusia no es una amenaza, y Moscú es invitada a involucrarse en el proyecto del escudo antimisiles de Europa. Aún con dudas sobre la posibilidad de ratificar el tratado START entre Rusia y EEUU, esta maniobra es de alto riesgo, pues dejaría a Europa a merced rusa en el plano energético y balístico de manera indefinida. El silencio de Rusia es elocuente, ha conseguido contener el avance de la OTAN hacia el oriente sin mayores traumas, y la primera víctima será Georgia.

El nuevo concepto estratégico tiene como una de sus aristas la lucha contra el “ciberterrorismo”, lo que puede encajar con las restricciones a internet que ya practica China con éxito, de allí el bajísimo nivel de oposición de Beijing. Pero para otra potencia emergente, Brasil, el cambio ofrece amenaza y oportunidad. Ha respondido con un plan de rearme de su flota de submarinos (adquirirá 6 nucleares y 20 convencionales con tecnología francesa) destinados a defender los más 50 millardos de nuevos barriles de petróleo en su plataforma continental. Pero al mismo tiempo, Brasilia tendrá un argumento para intentar cohesionar al inorgánico Consejo de Defensa Suramericano.

El resto de las implicaciones y la profundización de las aquí presentadas no caben en nuestra columna. Pero sin duda, esta transformación es más que una reacción a las llamadas “nuevas amenazas”, es un intento de reacomodo que pretende no ofender demasiado a ninguna potencia.