miércoles, 1 de diciembre de 2010

Strategos #18: Fin de la Operación Fénix

Tal Cual, 01 de diciembre de 2010


La cumbre de la UNASUR ha procurado darle contenido político a un organismo multilateral que en la actual dinámica regional no parece tener todas consigo para consolidarse. No obstante, ha servido de marco para encuentros bilaterales. El más destacado de ellos: la restauración plena de las relaciones colombo-ecuatorianas. Después del bombardeo colombiano al campamento de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano (01/03/08), se precipitó una confrontación diplomática en la que se involucró, como era de esperarse, Venezuela. Hoy Bogotá goza de fluidas relaciones con Caracas y Quito, y no se asoma en el panorama inmediato que afronte medidas internacionales por la flagrante violación de la soberanía de Ecuador. En otros términos, la Operación Fénix ha llegado a su fin.

Tres ideas clave en el pensamiento de Carl von Clausewitz, junto con la evidencia empírica, sustentan nuestra hipótesis. La primera es la relación de subordinación de la guerra a los fines políticos. La Operación Fénix no fue sólo un bombardeo, éste fue la acción militar central de la operación política. Maniobras diplomáticas se desarrollaron antes y después del acto de agresión, todas con un único propósito: control de daños. La segunda idea es la niebla de la guerra. Siendo decisiones humanas, las políticas exteriores generan un ambiente de incertidumbre que reduce el margen de acción, a riesgo de afrontar lo indeseable. Quebrantada la soberanía ecuatoriana se podían suponer las acciones, pero nunca prever con exactitud el desarrollo de la crisis. Así, la respuesta inicial de Quito fue cauta, pero una vez manifestada la de Caracas, la primera cambió. El llamado a la movilización militar del presidente de Venezuela a sus fuerzas armadas, sin una agresión a su territorio, fue un mensaje dirigido más a Ecuador que a Colombia, fue el gesto de compromiso público de una alianza. La tercera idea tiene que ver con lo que el prusiano llamaba la habilidad del comandante, manifestada en el concepto de Coup D’Oiel, esa habilidad para detallar el amplio escenario de conflicto, una mezcla de inteligencia e intuición estratégicas. El panorama pudo ser: “Ecuador reaccionará diplomáticamente, mostrándose impotente; Venezuela amenazará con las armas sin consecuencia militar, por lo altos costos asociados, pero con una efectiva retaliación económica; la OEA será incapaz de sobreponerse ante un hecho consumado”. La variable tiempo escapaban del cálculo, dependían de la política diaria.

Hoy la confrontación colombiana con la ALBA parece más que aplacada, pues la relaciones se ha restituido formalmente (al fin con Ecuador). La Operación Fénix alcanzó sus fines militares (dar de baja a Raúl Reyes) y políticos (no lesionar demasiado, ni indefinidamente, la situación diplomática de Colombia en la región), por lo que se puede decir que ha llegado a su fin. Pero vale la pena recordar una enseñanza más de Clausewitz: en la guerra, como en la política, los resultados nunca son definitivos.