miércoles, 15 de diciembre de 2010

Strategos#20: Los Estados Locos

Tal Cual, 15 de diciembre de 2010

La obra de Yehezkel Dror, Crazy States…, ha tenido una baja difusión, a pesar de su interesante tesis. Eso se debe quizá a su poco académico título. En esta etapa multipolar del sistema internacional, en la que nuevos, diversos, potentes y agresivos competidores que cuestionan con cada vez mayor éxito la primacía económica, idiosincrática y militar de Occidente, el delgado libro de Dror ha cobrado gran vigencia.

En un ejercicio de enriquecimiento de la paradigmática escuela de pensamiento realista, el autor puso el énfasis en lo aparentemente evidente (aquello que muchas veces se le escapa a las grandes potencias cuando han sido seducidas por su propia propaganda de superioridad inherente), y es que el racionalismo político de origen europeo no es universal. Mucho después de Dror, Huntington, en su Choque de Civilizaciones…, apuntó en la misma dirección, pero haciendo referencia a los valores y creencias ancestrales de los pueblos. Lo interesante en el trabajo del primero es que hace blanco en un factor menos discutido: la racionalidad.

Las causas de divergencia en la racionalidad pueden ser variadas, desde constructos ideológicos, hasta manifestaciones valorativo-culturales, problemas que ocupan a la ciencia política en los cubículos y las aulas. Pero para el análisis internacional, siempre sometido a la premura, resulta más urgente familiarizarse con las consecuencias. Para Dror, aquellos Estados que no concuerden en sus patrones de prioridad racional con el Occidente moderno no están necesariamente “locos” (lo que nos conduce a creer que el título de la obra se eligió por su potencial polémico), sino que poseen un orden de preferencias distinto, en palabras del autor: “contra-convencional”. Ello genera un problema estratégico para las potencias establecidas, pues son incapaces de prever satisfactoriamente los objetivos, movimientos y, sobre todo, la disposición al riesgo de agresivos competidores.

En el mundo actual estos “Estados locos” son impotentes para llevar adelante cambios significativos en el sistema, pero cuentan con los recursos naturales y militares para disuadir a fuerzas superiores, lo que genera una parálisis sistémica que les beneficia. Se autocalifican de revolucionarios y juegan en los márgenes de la tolerancia internacional, es decir, pueden ser militarmente provocadores, pero evitan iniciar una guerra; son amenazantes para sus vecinos, pero se amparan en la legitimidad de sus soberanías; practican formas de exclusión política interna, pero dentro de su propia legalidad.

La tesis de Dror puede ser de una gran utilidad analítica. Para los interesados en la dinámica política mundial, resultaría una lectura provechosa en estos próximos días de asueto, y para la comprensión de los eventos que nos esperan en la segunda década del siglo, resulta indispensable.