miércoles, 5 de enero de 2011

Strategos #21: La habilidad de la transición

Tal Cual, 05 de enero de 2011


El sistema internacional es complejo. El estar integrado por una gran cantidad de actores de diversos tipos y poder ha sido el principal obstáculo para el estudio de la política mundial. La respuesta de las teorías ha sido simplificar esa complejidad a través de explicaciones compresivas tendientes a la estandarización de actores y factores. Ha sido común reconocer la primacía de los Estados y la división del mundo bajo distintos criterios: por sus creencias religiosas o adscripción civilizatoria; por su poder militar y su desarrollo económico y tecnológico; por sus ideologías; o por sus formas de gobierno.

Cada distinción puede coexistir con otras, creando categorías compuestas más cercanas a la realidad. En ocasiones algunas pierden vigencia para luego recobrarla. Pero lo que quisiera apuntar es que resulta necesario agregar una nueva división del mundo, una categoría basada en la estabilidad y certeza de las transiciones gubernamentales. La literatura dominante en la ciencia política del siglo XX apuntaba a brindarle a las democracias liberales una superioridad inherente sobre los regímenes autoritarios, y lo hacía con sobradas razones pues demostraban un mejor desempeño en la gestión de la conflictividad sociopolítica con importantes cuotas de legitimidad. No obstante, la evolución de regímenes de carácter tecno-burocrático demuestra que existe la posibilidad de que los autoritarismos puedan contar con mecanismos regulares de transición, lo que les permite gozar de la estabilidad interna suficiente para desplegar sus capacidades y alcanzar sus objetivos.

Es así como la categoría fundada en la capacidad para llevar adelante transiciones gubernamentales protocolizadas parece ganar una importancia analítica extraordinaria en la multipolaridad que vivimos. Las democracias liberales del Atlántico norte cuentan con sistemas políticos dotados de mecanismos institucionales que garantizan el concertado paso de un gobierno a otro, sin afectar la variables centrales de la estabilidad, ni comprometer, en consecuencia, el interés nacional. Otras democracias del Asia-Pacífico, como Nueva Zelanda, Australia, Japón, Corea del Sur y Taiwán, desarrolladas a partir del modelo occidental, entrarían en el mismo grupo de las del Atlántico norte, pero comparten el vecindario con otras formas de gobierno y otros niveles de capacidad de transición. Así, por ejemplo, China y Corea del Norte comparten rasgos comunes en cuanto a forma de gobierno (en trazos muy gruesos), pero sus habilidades de transición no podrían ser más distintas, pues mientras la primera cuenta con un mecanismo programado de sucesión intergeneracional de élites, el personalismo político que ha dominado a la segunda se aferra a factores biológicos, estando la salud del líder asociada a la estabilidad interna y a las respuestas exteriores.

Dejo al lector la libertad de aplicar la categoría a nuestra región para que extraiga sus propias conclusiones.