miércoles, 26 de enero de 2011

Strategos#24: El Águila y el Dragón

Tal Cual, 26 de enero de 2011



En reiteradas ocasiones hemos hecho referencia al proceso por medio del cual el sistema internacional se ha venido haciendo multipolar. Las consecuencias de este progresivo cambio estructural en la distribución mundial de poder dependen de muchas variables y voluntades, lo que hace precaria a la estabilidad. Dos de esas variables son: los flujos financieros y las tendencias tecnológico-estratégicas. Sobre ambas sostendremos nuestro breve análisis semanal, hoy dedicado a la relación sino-americana.

China es el principal acreedor de EEUU, y este hecho se ha interpretado, fundamentalmente, de dos maneras. Una primera interpretación, de tendencia liberal, mantiene que ambas potencias se encuentran en una situación de equilibrio brindada por la interdependencia. Así, mientras EEUU ve con esperanza su lenta recuperación económica (sin querer trabajar demasiado en su déficit fiscal), se apoya en una fuente de financiamiento que en la actualidad luce ilimitada. China, por su parte, ha colocado muchos huevos en la canasta de la economía estadounidense, por lo que lo último que desearía el Partido sería la interrupción de relaciones cordiales. La economía política mercantilista, por el contrario, ve en la creciente dependencia económica entre rivales la causa para una inevitable confrontación futura, en tanto una quiere surgir como primera potencia y la otra no se conforma con perder su preeminencia. Ambas tesis son compatibles siempre que consideremos la variable temporal, pues la primera explica escenarios en plazos cercanos, pero la segunda tiene el potencial de cobrar fuerza en la medida en que el siglo avance.

Por otra parte, no debemos olvidar la actual tendencia dominante en el armamento es defensiva. Las enormes distancias que separan a las grandes potencias de hoy se combinan con el esfuerzo disuasivo que la tecnología militar hizo en la Guerra Fría. La proyección de poder ofensivo de los grandes poderes parece contundente frente a adversarios menores, pero no ofrece garantías decisivas al atacante, pues el riesgo nuclear y los prohibitivos costos de una guerra prolongada de alta intensidad escapan del cálculo racional de élites políticas sólidas.

Lo descrito muestra un panorama que, al menos temporalmente, nos remite a un sistema que se mantendrá estable mientras EEUU conserve una ostensible ventaja militar, y China tenga margen de crecimiento y desarrollo. Hu Jintao ha visitado a Barack Obama consciente del beneficio mutuo que la prolongada era de paz entre los grandes puede ofrecer. Han hablado de derechos humanos, seguridad en la península de Corea y sobrevaluación del yuan, todos aspectos laterales del núcleo de la negociación principal: sobre cuáles bases fundar una relación entre una potencia establecida y otra emergente (con evidentes diferencias ideológicas y geoestratégicas) cuando el orden sustentado por EEUU muestre signos de agotamiento severo, y el crecimiento chino afecte intereses vitales de otras potencias.