miércoles, 16 de febrero de 2011

Strategos#27: Ingeniería Geopolítica

Tal Cual, 16 de febrero de 2011


La salida de Mubarak resuelve un problema coyuntural y reactiva uno estructural. El mercado petrolero, indispensable indicador de la estabilidad mundial, reaccionó hacia la baja en las primeras horas de la dimisión, mas esto no se convirtió en tendencia, pues la incertidumbre pesa sobre el alto mando egipcio. La sociología militar nos advierte sobre las similitudes entre los ejércitos y sus sociedades, más aun en repúblicas. Por ello, no hay garantías sobre una composición homogénea de las fuerzas armadas de Egipto, por el contrario, se esperaría que los problemas que han aquejado a su sociedad, y han sido causa profunda del descontento articulado en protestas de calle, no estén muy lejos de la mayoría de los oficiales y soldados. Eso, junto con la posibilidad de mantener el control político efectivo del país, explica la pasividad militar en las horas más tensas de la revuelta.

Pero los mercados asociados al Medio Oriente no han seguido un patrón estable, y son reflejo de las percepciones y expectativas internacionales sobre la estabilidad de la región. Los acuerdos de Camp David de 1978-79, que presentaron como gran conclusión el reconocimiento egipcio del Estado de Israel y el tratado de paz entre Tel-Aviv y El Cairo, es la piedra angular de la seguridad regional. Nótese que hablamos de seguridad y no de paz. Las diferencias entre ambos conceptos entierra sus raíces en la tradición de pensamiento realista, la que pone en tela de juicio la posibilidad real de una “paz perpetua”, y se conforma con una estabilidad precaria. Y no podemos hablar de paz en la región en tanto en los últimos treinta años presenciamos la guerra Irán-Iraq, Las dos guerras del Golfo, la guerra civil del Líbano, la guerra Israel Hezbolá, todo en el marco del conflicto palestino-israelí con sus intifadas, de un lado, y operaciones militares, del otro. Pero la guerra general no ocurrió, y ello se debe a fórmula de estabilidad geopolítica de las potencias cardinales (norte: Turquía; sur: Arabia Saudita; este: Irán; oeste: Israel), con la autoexclusión del Egipto de Mubarak como sujeto activo en el sistema. Su poder latente militar, auspiciado por EEUU, ha servido de respaldo pasivo a la causa occidental, al tiempo que desalentó el resurgimiento de propia doctrina constitutiva como república: el panarabismo.

El riesgo, por tanto, no estriba en la ruptura de la fórmula geopolítica cardinal del Medio Oriente, aún en pie, sino en el riesgo a ese respaldo occidental, pues Mubarak no sólo era un autócrata, su rol funcional era el de garante de ese sistema de seguridad regional, rol que las fuerzas armadas egipcias deberán demostrar si son capaces (y si tendrán la voluntad de) cumplir. La región requiere una importante reconsideración geopolítica ante el riesgo de trasformación funcional de uno de sus pilares.