miércoles, 2 de marzo de 2011

Strategos#29: Que la Guerra Decida

Tal Cual, 02 de marzo de 2011


Las sanciones impuestas a Libia por el Consejo de Seguridad fueron adoptadas de forma unánime, a pesar de las resistencias previas mostradas por China y Rusia. El acuerdo sugiere pagos laterales que tendrán que hacerse a estas potencias eventualmente, mas ello queda en las sombras de la diplomacia para la opinión pública contemporánea. Sin embargo, los puntos principales de la declaración de sanciones son lo suficientemente elocuentes para darnos una idea de la base del acuerdo: dejar que el balance interno de fuerzas sea el juez.


El primer punto que destacamos es el embargo de armas. Este tipo de medida tiene el objetivo de hacer costoso el conflicto para los beligerantes, dado que no suprime la posibilidad del ingreso de armamento, pero lo hace más difícil, reduciendo la cantidad de piezas disponibles y elevando sus precios por causa de la escases y el riesgo asociado a la transacción. Pero además, supone un intento por parte de las potencias para neutralizarse unas a otras en cuanto al apoyo táctico y logístico al bando que deseen favorecer. En pocas palabras, quieren que los opuestos en el terreno luchen con las fuerzas que ya poseen, sin que haya intervenciones decisivas que afecten el balance.

El segundo, congelar e investigar los bienes de la familia Gadafi. Un expediente que se hace rutinario contra regímenes de fuerza que llegan a su fin, pero que levanta la pregunta sobre por qué, si se conocía de estos manejos fraudulentos, no se hizo antes. La función de justicia de la medida se acopla con un mensaje directo de las potencias: las tiranías y sus desviaciones serán toleradas, siempre que no contravenga a los intereses de las grandes potencias, y en ese sentido Rusia y China, siempre ansiosas por reafirmar su autoridad internacional, se han unido al castigo.

Tercero, abrir un juicio a Gadafi y sus colaboradores más cercanos por crímenes contra la humanidad. Quizá la medida más aplaudida del paquete de sanciones, pues como ninguna otra, pretende resarcir los daños morales a las víctimas. Pero no escapa a la intención de reafirmación internacional concertada de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Por último, tenemos la prohibición de salida de la familia Gadafi, y es esta la piedra angular entre las sanciones. La prohibición pretende quebrar la lealtad hacia los Gadafi, haciéndolos responsables de hecho, lo que abre una salida a sus colaboradores, pero además, impone una contradicción interna en el conjunto de sanciones, pues deja en manos de los propios libios la captura de los responsables (afirmación que también se desprende de la intencional evasión de acciones militares económica y políticamente incómodas).

El acuerdo, producto de la impotencia de Occidente y de la resistencia china y rusa, se resume en dejar que la guerra decida en el campo de batalla el destino de Libia.