miércoles, 16 de marzo de 2011

Strategos#31: ¿Por qué no cae Gadafi?

Tal Cual, 16 de marzo de 2011


La respuesta a tan inquietante pregunta puede rastrearse en las tres previas presentaciones de esta columna, no obstante vale la pena sintetizar las principales causas de que el hombre fuerte de Libia se mantenga, a pesar de las caídas de sus vecinos tunecino y egipcio. Podríamos resumir las causas de la fortaleza del régimen libio en tres: por su sistema de gobierno, por el tipo de guerra que hace y enfrenta, y por la naturaleza del sistema internacional actual.

El sistema de gobierno libio es totalitario, lo que supone una alta dosis de politización (distinto al autoritarismo desmovilizador practicado por Mubarak), teniendo como base el mesianismo político que encumbra al líder supremo por encima de una sociedad ideológicamente movilizada, pero desarticulada. El líder es dueño de la verdad y todo cuestionamiento es herético, lo que justifica, dentro de sus propios términos, el uso de la violencia irrestricta, punto en el que se conjugan sin conflicto legitimidad y terror. Bajo un sistema como ese no hay posibilidad de acuerdo político, sólo de vencer o morir. En dicha situación, la motivación es existencial, lo que explica la implacable resolución de Gadafi y su entorno en el uso de la fuerza hasta sus últimas consecuencias.

A pesar de las defecciones que ha padecido el bando oficial, la realidad en el terreno nos muestra que las fuerzas insurgentes no lograron hacerse con el control del armamento más sofisticado del arsenal libio. Es cierto que poseen importantes piezas de artillería, sobre todo antiáerea, pero el armamento rebelde es, en línea general, defensivo y relativamente escaso. Las victorias tempranas, sustentadas en levantamientos populares y el factor sorpresa, no rindieron los frutos militares esperados, lo que los condujo a intentar luchar una guerra convencional contra un adversario decidido, mejor equipado y organizado. Las sucesivas victorias recientes de las fuerzas pro-Gadafi (el grueso de las fuerzas armadas libias) en su campaña hacia el este, supone el riesgo de adelgazar sus líneas en la medida en que se aleja de sus centros de comando y control, y en tanto debe reducir por la fuerza a los opositores remanentes. Pero el riesgo ha sido aceptable a causa de la inacción de las potencias occidentales en cuanto a suministro de armas y asistencia táctica a los rebeldes.

Lo dicho encuentra explicación en un breve examen del sistema internacional actual. El auge de China y el resurgimiento ruso, ambos ya dotados con el veto en el Consejo de Seguridad, crearon las condiciones para mantener al margen de la legalidad cualquier resolución operativa que autorizara la intervención militar. Sin un claro objetivo político y con razonables dudas acerca de la composición e intenciones de los rebeldes, Occidente ha preferido permanecer expectante, limitando sus acciones al plano diplomático y a una poco creíble amenaza del uso de la fuerza. En este contexto político, militar e internacional, Gadafi avanza.