miércoles, 23 de marzo de 2011

Strategos#32: Un Arte Difícil

Tal Cual, 23 de marzo de 2011


La coalición franco-anglo-americana dio el paso, satisfaciendo a la opinión pública y tratando de rescatar el prestigio como potencias garantes del orden. La compleja negociación en un particularmente histórico Consejo de Seguridad (pues incluyó, además de los cinco grandes, a los emergentes Brasil, India, y a una Alemania que busca su propia identidad como actor de talla mundial), arrojó como resultado una resolución que responde a eso que Bismarck llamaba “el arte de lo posible”. La misma logró pasar el filtro del veto sino-ruso en tanto no implica un mandato que permita derribar a Gafadi y cree un precedente. Su virtud como instrumento legal radica en su ambigüedad y reactividad.

Pero la niebla de guerra amenaza el ingenioso diseño de la resolución 1973. Como hemos insistido desde esta columna, la incertidumbre que existe sobre la composición, intenciones y cohesión de los rebeldes libios es una amenaza incluso mayor a la continuidad de Gadafi. Ello explica las limitadas metas militares de la coalición, pues no hay una razonable claridad en el objetivo político. La evidencia indica que se está contando con el carácter disuadible que Gadafi ha mostrado en el pasado, cuando ha enfrentado fuerzas que lo superan. Se le logró neutralizar en 1986 con campañas franco-americanas de bombardeo, y el destino de Saddam Hussein parece haberlo hecho reflexionar sobre su relación con Occidente, lo que resultó en una apertura política y económica libia en la década pasada.

Los lectores más aventajados cuestionarán, y no sin razón, que Gadafi no había enfrentado antes un proceso en la Corte Penal Internacional, y que esa novedosa situación cambia el escenario. Debo responder que ya hay un antecedente en el que un mandatario acusado de genocidio logra zafarse, al menos temporalmente, de los procesos judiciales internacionales. Me refiero a líder sudanés Omar al-Bashir, quién ha recibido el visto bueno de poderes mundiales como Estados Unidos y China al haber permitido el referendo que culminó en la partición formal de Sudán en dos repúblicas. Es decir, si logra sobrevivir a la guerra civil y a la presión que muy probablemente estén sintiendo sus propios colaboradores (tentados a traicionar), existen posibilidades políticas para Gadafi.

La situación para la coalición es tan compleja que difícilmente logre satisfacer todos sus contradictorios objetivos: limitar la capacidad de Gadafi sin precipitar el caos tribal en Libia; brindar apoyo a los rebeldes sin permitir que sus facciones más radicales asuman posiciones de mando; ofrecer alivio a las conciencias liberales sin el empleo de infantería. Y todo eso en un escenario que permita la reincorporación de Libia al mercado petrolero, sin una prolongada presencia militar en el norte de África, salvaguardando el prestigio como pilares de la seguridad y evitando increpar demasiado a las potencias emergentes. Las probabilidades son adversas.