lunes, 4 de abril de 2011

Entrevista: "Era sólo una gira política". Por David Ludovic.

Tal Cual, 04 de abril de 2011















Amplia fue la cobertura propagandística dada al final de la gira del presidente Chávez por varios países de Suramérica, que trató de mostrarse como un éxito comercial materializado en la firma de un alto número de acuerdos –46, según reseñó la Agencia Venezolana de Noticias– con Argentina, Bolivia y Uruguay.
Incluso se decidió la suspensión del Aló, Presidente de ayer para difundir un balance de la gira presidencial, donde intervinieron varias personalidades del tren ministerial, como Nicolás Maduro, ministro de Relaciones Exteriores, Juan Carlos Loyo, ministro de Agricultura y Tierras, y el propio Izarra.
En todo ese despliegue se hizo énfasis en el aspecto económico de la gira y se desestimaron los elementos políticos presentes (e incluso ausentes, como la cancelación final de la visita a Colombia) en ella.
Sin embargo, para Carlos Luna, profesor del postgrado en Derecho y Política Internacionales de la UCV, “Chávez buscaba cimentar apoyos políticos para su régimen, y este gobierno no trabaja con base en criterios económicos, sino que todo lo supedita al terreno político”.

"NO TENÍAN NADA QUE DECIRSE” Un ejemplo de esta subordinación estuvo en una aparente relación causa consecuencia entre la suspensión de la visita de Chávez a Colombia y la indecisión de este país de extraditar a Venezuela a Walid Makled.
Luna considera que se trata de una especia de “chantaje” con el que Chávez intentó presionar para que se diera esta decisión, a cambio de discutir los aspectos del Tratado de Complementación Económica para sustituir la salida de Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones.
Con Carlos Luna coincide Víctor Mijares, también profesor de Política Internacional en la UCV y de Ciencias Políticas en la USB. A su juicio, “la razón del avión queda como una simple excusa, pues si hay voluntad de reunión, la reunión se logra. El mensaje fue claro: Chávez y Santos no se reunieron porque no tenían nada que decirse”.
Recuerda Mijares, además, que el mejoramiento de las relaciones colombo-venezolanas es relativo, pues “no es más que una tregua entre dos políticos, pero los conflictos estructurales siguen en pie, y no tienen que ver sólo con la salida de Venezuela de la CAN, sino con otros asuntos políticos como las condiciones del acuerdo sobre la extradición de Makled, que todavía se están negociando”.
El problema de esta falta de reunión fue la incertidumbre que permanece en el ambiente respecto a las relaciones comerciales con Colombia, “que siguen sin tener el mismo ritmo de antes”, sostiene Mijares, quien agrega que esa fue la verdadera razón para la reunión con el presidente Pepe Mujica de Uruguay: “Venezuela está buscando la sustitución de los mercados que va a perder por esa salida de la CAN”, comenta, tras agregar que esta pérdida se agrava en vista de que “la relación con Colombia sigue sin ser muy estable”.

NI TAN ALIADOS
La principal muestra del carácter ideológico de la gira de Chávez fue, en efecto, esa falta de reunión con los socios comerciales tradicionales de Venezuela.
No se trató solamente de Colombia; también se echó en falta una visita al nuevo Brasil, al Brasil de Dilma Roussef. Lo que en otras oportunidades se trataba de un destino natural –vista de que la primera potencia regional es, además uno de los primeros proveedores de industria y servicio de Venezuela– esta vez se pasó deliberadamente por alto, motivado también a la dicotomía entre lo ideológico y lo pragmático, que en el gobierno brasileño, y sobre todo en Itamaratí, está muy claro.
“Brasil está muy cómodo comercialmente frente a Venezuela, con una balanza comercial muy favorable. En ese ambiente puede darse el lujo de mantener una distancia política frente a Chávez, sin deteriorar las relaciones económicas”, comenta Mijares, quien también opina que en su carácter de potencia regional Brasil intenta plantearse como un “punto medio entre los países proestadounidenses y los antiestadounidenses en Latinoamérica, sobre todo considerando que EEUU tiene graves dificultades para entenderse con ella, pues considera que sus gobiernos (los latinoamericanos) tienden a cambiar excesivamente de política exterior”.
Este nuevo acercamiento Brasil-EE.UU es “el que marca a su vez un distanciamiento con Chávez, aunque quizá no lo descarta del todo como aliado ideológico”, añade Luna.

IDEOLOGÍA Y PRAXIS NO SE EXCLUYEN
En sustitución de estos socios, Hugo Chávez optó por una reunión con otros menos tradicionales, como Uruguay, con el que también buscaba alianzas de carácter político, como se evidenció, para Carlos Luna, en la donación de 10 millones de dólares “no planteados como un intercambio en términos de interdependencia, sino como una donación, un regalo”, a cambio, quizá, del logrado apoyo de Mujica a la entrada de Venezuela al Mercosur y de un mejoramiento en la opinión pública uruguaya sobre la figura de Chávez, aún a costa de que siga empeorando la percepción de los venezolanos hacia él.
Añade Luna que esta dualidad en los acuerdos no es incoherente, si se examinan a la luz de los lineamientos de política exterior venezolana plasmados en el llamado Plan Simón Bolívar 2007-2013.
“Este plan señala que las relaciones de Venezuela van en dos sentidos: las que tienen un interés comercial y no necesariamente ideológicas, y las otras, que van, según aseguran, hacia la construcción de un mundo ‘multipolar, independiente del imperialismo, etc., etc.’, es decir, que son eminentemente ideológicas”. 


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