miércoles, 18 de mayo de 2011

Strategos #39: Geopolítica, Alianzas e Intervenciones


Las intervenciones militares en Libia y Costa de Marfil contrastan con la notable indiferencia que los poderes mundiales muestran frente a los procesos de revuelta en Siria o Bahréin, por ejemplo.
¿Por qué en los dos primeros casos se lograron resoluciones y se consiguieron potencias dispuestas a emplear su poder militar, y en los segundos la participación no pasa de exhortaciones? ¿Qué tienen Siria y Bahréin que no tengan Libia y Costa de Marfil? Los factores comunes para ambos pares de Estados son: ubicación geográfica y alianzas operativas.

Siria y Bahréin son pivotes geopolíticos, pues sus ubicaciones centrales en una gran región petrolera atravesada por tensiones inter y transnacionales hacen que cualquier intervención deba contar con justificaciones estratégicas superlativas. Son piezas intermedias en una compleja estructura geopolítica, y que si bien no son actores mayores, su estabilidad tiene un potencial conflictivo en la región. Por su parte, Libia y Costa de Marfil no pueden ser catalogadas como de menor importancia, sus ubicaciones son sensibles, pero el impacto en sus entornos es menor en términos relativos. Los grandes espacios, el totalitarismo y las tensiones internas limitan conflictos internacionales directos. Aunque los cuatro ejemplos están ubicados en zonas de tensión, Siria y Bahréin están en una especialmente explosiva, el corazón del Medio Oriente. Pero no es sólo esto lo que limita las intervenciones.

Las alianzas han jugado un interesante rol en la última oleada de revueltas. Gadafi y Gbagbo sostuvieron sus protagonismos regionales haciendo alarde de sus "alianzas" y prestigio. Pero en la práctica esos alineamientos ideológicos descansaban en el vacío, pues no se tradujeron en la asistencia requerida en el peor momento. Sus regímenes aislados fueron impotentes al momento de disuadir las intervenciones militares. Caso contrario es el de Siria y Bahréin. Con una vinculación de cuasi-tutela por parte de Irán, el régimen hereditario de los Assad entra en el complejo entramado de relaciones que va desde Moscú hasta el sur del Líbano, procurando erigirse siempre como un bastión contra Israel. Por su parte, la monarquía sunita de los Khalifa aplica sus leyes con puño de hierro a una población mayoritariamente chiita, constando con la presencia militar de tropas sauditas y siendo Bahréin el principal puerto de la vital quinta flota de los Estados Unidos.

Así, la geopolítica y las alianzas han condicionado el patrón de las actuales intervenciones militares. Un sensible vecindario y unas relaciones operativas de leal asistencia mutual, pueden hacer la diferencia en el momento en que el control político dé muestras de posible colapso. Una enseñanza que debemos tomar en cuenta cuando observemos la realidad internacional en el actual (des)orden mundial.