domingo, 15 de mayo de 2011

Strategos #43: La tragedia del personalismo


Arcana Imperii era el nombre latino con el que se designaba a los secretos de Estado, aquella información que por ser tan valiosa, y peligrosa, no podía ser conocida por el público. Los gobiernos, en toda época y lugar, están rodeados del misticismo del poder. Mientras más primitiva la estructura de mando, más necesitada de un carácter esotérico para justificarse ante sus seguidores y disuadir a sus enemigos. La antropología política es fecunda en el estudio de las capacidades para explotar el rumor y el secreto, en especial en los sistemas premodernos. Traemos esto a colación dado el misterio que rodea la ausencia del presidente Chávez, quien supuestamente despacha, con dudoso apego constitucional, desde La Habana, mientras se alegan razones de salud poco claras.

El personalismo político, resultado de la baja institucionalización del Estado, deja descansar en los líderes la mayor parte de las decisiones. En materia de política exterior el personalismo de Chávez se manifiesta más claramente que quizá en cualquier otra política pública, ya que las funciones de diseño, implementación y seguimiento de la Cancillería han sido reducidas al ceremonial y protocolo. La extinción de los concursos de oposición para seleccionar a los diplomáticos de carrera, es el segundo síntoma más evidente de la depreciación del funcionariado exterior venezolano. El primero es, sin duda, la designación y continuidad del canciller Maduro. 

Pero no se puede asumir una política de desinstitucionalización y salir ileso. La ejecutividad de las decisiones otorgan un control directo al jefe del Estado, sobre todo el proceso que involucra a las relaciones exteriores, pero, y si bien el control directo puede ofrecer ventajas de tiempo en momentos críticos, las ausencias generadas por razones humanas someten a toda una sociedad a la incertidumbre en un mundo cada vez más competitivo. Mientras nuestros vecinos han aprendido la lección de institucionalizar su política exterior y profesionalizar a su diplomacia, lo que les permite llevar adelante estrategias políticas que superan la vida y caprichos de los individuos, Venezuela ha retrocedido al punto en el que la salud del presidente es una variable vital para el desarrollo de los planes nacionales.

La tragedia del personalismo radica en la mortalidad. Mientras que el Estado, con todos sus defectos, está diseñado para satisfacer las demandas de seguridad de una sociedad por un número indefinido de generaciones, un individuo y sus colaboradores sólo pueden intentarlo, de modo imperfecto, por el lapso de una fracción de sus vidas biológicas. Lo que define a una tragedia es su inevitabilidad, y bien sea más tarde o más temprano, el proceso político padecerá por el personalismo, y con éste, todos deberemos asumir los costos de una política basada en deseos y no en realidades.

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