miércoles, 8 de junio de 2011

Strategos #42: Pax Brasilica

Nuevamente la pobre capacidad de las élites liberales latinoamericanas quebró el voto democrático, dejando en una segunda vuelta a los candidatos menos idóneos para la conducción exitosa del Perú en un ambiente competitivo global al que se ha venido integrando. Como dijimos en esta columna el 13/05/2011 (“No es Venezuela, es Brasil”), el triunfo geopolítico se encuentra más en Brasilia que en Caracas, pues ha sido el equipo de Lula el artífice de una estrategia electoral, de amplio alcance populista y de ambigua definición ideológica, que ha contribuyó a la victoria de Humala el domingo próximo pasado. La idea de otra sociedad fragmentada, que comience a perder gobernabilidad democrática y que experimente procesos de desindustrialización, beneficia la posición relativa de poder de Brasil, tanto para su sector público, como su sector privado (relacionados en un modo que recuerda la etapa imperialista estadounidense de finales del siglo XIX y principios del XX). El etnonacionalismo, que ahora se incorpora como parte del desordenado software ideológico que dirigirá al Estado peruano, ofrece además formidables oportunidad de confrontación con Chile, a la luz de las disputas marítimas y del rearme austral. Brasil tiene la oportunidad, una vez más, de mostrarse como el árbitro natural y fortalecer la frágil estructura de su proyecto Unasur.

Lo anterior se complementa con la declaración de Dilma durante la visita de Chávez, que alude a convertir a Suramérica es una “zona de paz”. Es cuesta arriba, en principio, argumentar contra una propuesta tan noble (¿quién se opone a la paz?), hasta que entendemos que el contenido de la declaración es la Pax Brasilica, es decir, una zona de paz administrada por la emergente potencia suramericana que aspira a crear un orden hegemónico en la región, aunque se siga enfrentando a obstáculos. Es la construcción pacífica, pero asertiva, de una esfera de influencia brasileña. En esta zona los liderazgos mesiánicos con potencial conflictividad social y de degradación de los aparatos productivos nacionales, e igualmente capaces de provocar fricciones internacionales, son las piezas que hacen indispensable al Brasil emergente. Venezuela y Perú son las salidas naturales de Brasil hacia el Caribe y el Pacífico, respectivamente, y a ello responde en parte las inversiones en materia de infraestructura y el apoyo a los liderazgos antisistema.

En la construcción de esferas de influencia las fallas están a la orden del día. La diplomacia brasileña parece haber aprendido la lección de ocuparse primero de sus zonas adyacentes, antes que tratar de intervenir en la política eurasiática. En adelante veremos a un Brasil más comprometido en su proyecto, lo que acelerará la inclusión de Venezuela al Mercosur y la penetración de capitales en Perú. Es parte del reto de convertirse en gran potencia.