miércoles, 1 de junio de 2011

Strategos #41: Unasur y la Inoperatividad Estratégica


Nueve de los doce ministros de defensa de la UNASUR comenzaron la semana reuniéndose en Buenos Aires, sede del Centro de Estudios Estratégicos de la Defensa (CEED) del Consejo de Defensa Suramericano (CDS), para fantasear sobre la construcción de una alianza continental. A pesar de haber insistido en foros internacionales que el CDS "no es una alianza clásica, como lo es la OTAN", el ministro brasileño Nelson Jobim (pieza clave del equipo de Lula que sigue con Dilma) alega la necesidad de construir un espacio de defensa colectiva, lo es igual a decir que han ido a Argentina a fortalecer los principios de una alianza en su sentido más clásico.

La cumbre ministerial aspira a esbozar una doctrina militar suramericana que sirva de soporte a un aparato de defensa y disuasión colectivos. El argumento que el ministro argentino, Arturo Puricelli, no ha tardado en esgrimir es el caso Malvinas, destacando la reacción de Estados Unidos al apoyar a Gran Bretaña, teniendo mucho cuidado en no mencionar que Colombia, país de la Secretaria General de la UNASUR, María Emma Mejía, también se plegó a la postura de Washington en su momento, y sin mencionar, por su puesto, que la torpe y decadente dictadura militar que tanto condena su propio gobierno, entregó en bandeja de plata un casus belli a los británicos al iniciar las hostilidades.
Este ejercicio de amnesia selectiva combina muy bien con la tesis de los recursos naturales que se erige para la definición de las amenazas comunes. Agua, hidrocarburos y biodiversidad son los elementos a ser protegidos del voraz imperialismo. Los datos asisten a los ministros, pero omiten olímpicamente a las guerrillas insurgentes, al narcotráfico, al indigenismo radical y a la inestabilidad regional generada por proyectos revolucionarios.

La realidad concreta es que las motivaciones ideológicas, las rivalidades históricas y el aún inmaduro liderazgo brasileño, constituyen un sistema de competencia más que uno de complementariedad.
No hay acuerdo con respecto a las amenazas comunes, más allá de una serie de generalidades físicas por las que ningún Estado quiere involucrar a sus vecinos ­pues nadie imagina a Venezuela coadministrando sus recursos petroleros con Colombia, ni a Brasil cediendo espacios de su Amazonía, por ejemplo. 

Sin un liderazgo superlativo, no hay cohesión en las alianzas, y sin amenazas concretas y comunes, no hay operatividad. Cualquier constructo de seguridad y defensa bajo tales condiciones está destinado al fracaso. Además, el CDS sigue siendo apenas un foro de discusión incapaz de desarrollar un sincero diagnóstico de la realidad suramericana y mundial, y el CEED está dominado por funcionarios argentinos y brasileños, siendo ajeno a otras nacionalidades y corrientes de pensamiento dentro de la UNASUR. Mientras eso persista, será difícil creer en una alianza operativa suramericana.