miércoles, 22 de junio de 2011

Strategos #44: El compromiso en la OTAN


La libertad que le da irse con el trofeo de Bin Laden, de haber introducido importantes mejoras tácticas en las fuerzas armadas de los EEUU y de servir a dos presidentes tan dispares, le da a Robert Gates la posibilidad de marcharse hablando abiertamente sobre la OTAN y la responsabilidad de la alianza en la seguridad internacional. El aún secretario de Defensa se afinca sobre la herida de una vieja polémica en la alianza atlántica: la responsabilidad de los socios europeos en la conservación de la operatividad militar y en asumir en igualdad de condiciones beneficios de seguridad y costos políticos.
Durante la Guerra Fría, Europa fue el principal campo de potencial conflicto, y la ocupación occidental de la misma por parte de los americanos parecía una responsabilidad justamente asumida de cara a su crecimiento como superpotencia. En ese contexto los europeos pudieron alegar su indefensión y colocarse, primero sin alternativa, y luego de buena gana, bajo el paraguas defensivo que proporcionaba Washington.

Pero el deterioro del aparato militar soviético, derivado de su terminal crisis interna, llevó a los EEUU a demandar más de sus aliados. Esto no se aplica a Francia, Gran Bretaña, Alemania o Italia, pues tenían sus propias ambiciones y agendas de seguridad más allá de lo dictado del otro lado del charco, pero aliados no-europeos como Corea del Sur y Japón, fueron exhortados a mejorar sus armamentos, ampliar sus ejércitos y aumentar sus gastos militares, bajo la acertada consideración de un traslado del poder mundial hacia el Pacífico. La exhortación no alcanzó a las potencias europeas menores. Los nórdicos gozaron de la protección sin asumir las responsabilidades, especializándose más en la burocracia de la alianza, y en mejorar su tecnología militar, sin comprometerse demasiado en controversias externas que no apuntasen directamente a afectar sus intereses nacionales.Esta cómoda postura es la que ahora Gates señala, la de querer ser un polizón dispuesto a disfrutar de un viaje sin pagar. Las capitales al norte de Europa comienzan a cuestionar la prolongación de la intervención militar de la OTAN en Libia, mas esos gobiernos no desean arriesgar su poder incrementando su presencia con fuerzas terrestres.Además, dejan descansar el peso político en las potencias mayores, mientras que el económico lo llevan monarquías árabes lideradas por los saudíes.

Esta conducta pone en riesgo la cohesión de la alianza, y con ella a toda la seguridad internacional bajo valores occidentales. La OTAN cambió su concepto estratégico (lo que conocemos como doctrina e hipótesis de conflicto) a finales del año pasado, y lo ha hecho tantas veces como lo ha considerado necesario para sostener un principio común de amenaza. Pero además de la amenaza percibida, las alianzas requieren del más importante factor político en cualquier escenario: compromiso. Y hoy en la OTAN el compromiso cotiza a la baja.

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