viernes, 1 de julio de 2011

Runrunes Diploos: CELAC: un despropósito geopolítico


Pospuesta la cumbre que alumbraría a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), valga la oportunidad para hacer lo que consideramos necesarias observaciones sobre un proyecto tan inconveniente y débil, como sub-analizado. Resumiremos a tres las ideas que nos llevan a afirmar que la CELAC como proyecto es un despropósito geopolítico. En primer lugar, la nueva organización multilateral, de tener éxito, duplicaría funciones de la OEA, pero sin una clara definición acerca del sistema de gobierno que propone; segundo, la CELAC, como principio, propone la exclusión de los EEUU y Canadá, pero sin catalogarlos como amenazas, lo que supone desconocer la más evidente realidad geopolítica del hemisferio; y tercero, la iniciativa del proyecto no parte de los Estados latinoamericanos más poderosos, lo que debilita las probabilidades de éxito.
1. La OEA y la CELAC. A pesar de su limitada capacidad política, la OEA sigue ocupando el nicho institucional más importante del hemisferio occidental como organización multilateral de amplio espectro y con reglas aceptadas que han sido forjadas al calor del poder y el tiempo. Lo que puede ser alegado como un factor de debilidad, el ser un temprano producto de la Guerra Fría que refleja la lógica de un sistema bipolar mundial ya desaparecido, es precisamente una de sus mayores ventajas, pues su operatividad se deriva de haber sido impulsada por una superpotencia que fungió como Estado líder en la construcción de un complejo entramado institucional para las Américas, lo que habría sido mucho menos probable en un ambiente multipolar de paridad de poder y carente de un superlativo poder regional. Esta realidad colocaría a la nueva organización en la posición poco cómoda de duplicar funciones de la ya constituida y rutinaria OEA, pero en una condición de franca minusvalía, propia de nuevos organismos, y más aun cuando no es clara su necesidad común. Adicionalmente, la CELAC no plantea normas para regímenes políticos, lo que contravendría a los avances formales que el continente, en su mayoría, ha alcanzado en materia democrática.
2. Un hemisferio incompleto. La CELAC, de acuerdo a sus principales promotores (en particular los Estados de la ALBA), es un esfuerzo político por excluir a los dos poderes anglosajones de esta parte del mundo: EEUU y Canadá. La persistente presencia regional de estas potencias, sobre todo de la primera, es innegable, y constituye un error ignorarlas en todo sentido si realmente se desea construir. Negarles a Washington y Ottawa la posibilidad de participar al menos como observadores, es desconocer la realidad de la distribución del poder internacional. Lo único que justificaría tal acción sería catalogarlos como amenazas, lo que sería muy poco probable por parte de la gran mayoría de los Estados latinoamericanos y caribeños, y aislaría aun más a Caracas y La Habana.
3. Una propuesta sin músculo suficiente. Así como la OEA fue promovida por los EEUU y la UE por el eje franco-alemán, una CELAC con probabilidades de éxito debería ser, al menos, una iniciativa mexicano-brasileña, y no es el caso. América latina y el Caribe no es una región homogénea, pues la distribución de nuestras poblaciones, la variedad de nuestros climas y los accidentes geográficos separan a las más importantes concentraciones humanas, lo que limita el acercamiento y la comunidad de intereses y amenazas. Por el contrario, vemos un panorama de tensiones inter e intranacionales que sólo podrían ser superadas bajo un significativo liderazgo. A pesar de sus capacidades económicas y demográficas, incluso un acuerdo México DF-Brasilia quedaría corto para lograr amalgamar tantas diferencias y dificultades. Menos alentador para la operatividad fututa de la CELAC es que sea Caracas la promotora, pues la Venezuela socialista no sólo genera confrontaciones político-ideológicas, sino que además carece del potencial de poder para lograr la hazaña geopolítica que dicta su aspiración ideológica inspirada en La Habana.
La geopolítica, escrita siempre en clave realista, es una disciplina con una excepcional capacidad analítica, y una herramienta necesaria para la decisión política exterior. La voluntad humana siempre podrá enfrentarse a la contundencia de los hechos que ésta describe, pero siempre tendrá que pagar, tarde o temprano, el precio de no maniobrar en el sentido del cauce que estos hechos generan.


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