miércoles, 29 de junio de 2011

Strategos #45: La diplomacia de la violencia en Libia

Para las democracias modernas nada es más exasperante que la guerra. Los conflictos armados son vistos como un gasto de vidas y dinero que sólo se justifican, paradójicamente, por razones muy egoístas o muy elevadas moralmente, de allí que sea vital convencer al electorado que paga impuestos de la necesidad práctica o ética de ir a la guerra. Un conflicto que se prolongue ofrece una oportunidad excepcional al aparato militar para el desarrollo táctico de doctrinas, y el aparato industrial tiene la posibilidad de financiar proyectos de uso militar que luego tengan provecho civil. Pero la guerra moderna afecta a la población no-combatiente, incluso más allá del campo de batalla, pues los medios telemáticos introducen la guerra a los hogares de los ciudadanos de las grandes potencias, y ello hace que se cuestionen el rol que sus sociedades tienen en esas “lejanas” polémicas.

En Libia, la OTAN ha venido practicado aquello que Thomas Schelling denominó “la diplomacia de la violencia”, que no es más que el uso de la fuerza militar como instrumento indirecto o la amenaza de la misma como instrumento directo, para hacer ceder a la contraparte y obligarla a negociar. Gadafi ha sido difícilmente persuadible, pues como apuntamos en un número anterior de esta columna, su régimen parte de consideraciones propias del totalitarismo, es decir, de una política de la predestinación y la certeza al respecto de la justicia de su causa, pero además, y ya en un plano práctico, el régimen libio no se ha sentido ni demasiado débil, ni demasiado fuerte, para aceptar un proceso de diálogo directo, lo que ha llevado al almirante Samuel Locklear, comandante del mando aliado en la intervención sobre Libia, a lanzar una nueva ofensiva en el campo de la diplomacia de la violencia, al afirmar ante la comisión de defensa del senado americano que están “tratando de matar a Gadafi”. Una afirmación de ese calibre se hace para cambiar el ambiente psicológico del conflicto, es un misil a la base del edificio del orgullo y la confianza del líder libio. Hasta los momentos, las fuerzas de la OTAN, no sin contratiempos políticos por la falta de compromiso que Robert Gates denunciara, han creado lo que podríamos llamar un “círculo de fuego” en torno a los bastiones de Gadafi. Se podría interpretar como una maniobra que lo conduzca a tomar la decisión racional de aceptar los altos costos de su permanencia.

En suma, se busca una solución que permita salir de Gadafi antes que termine el mes de septiembre. Pero esta búsqueda está más motivada a por factores políticos domésticos que por factores estratégicos internacionales. Se confirma que, ante situaciones complejas, los mandos políticos exigen siempre los mismos a sus subordinados militares: opciones