miércoles, 13 de julio de 2011

Strategos #47: La muerte de Cabral y la falla de los Estados


El Estado sigue siendo la entidad política por excelencia, no sólo en cuanto a potencial de poder, sino, y especialmente, por la legitimidad de su autoridad. No hay conjunto humano que no viva bajo la soberanía de un Estado, y tampoco hay alguno que, al no sentirse representado, busque las vías para controlarlo o constituir uno propio. Hoy a nadie se le ocurre una forma política más eficiente, al punto que los enemigos modernos del Estado, socialistas y liberales, han cedido ante la evidencia y se han adaptado ideológicamente para hacer del Estado el aparato de poder de sus propuestas, en lugar de querer extinguirlo.

Pero sin duda los Estados están sujetos a la entropía y pueden fallar. El asesinato de Facundo Cabral a manos del crimen organizado en Guatemala, en lo que parece ser un trágico hecho fortuito, ha llevado al gran público a reflexionar sobre las capacidades del Estado, y sobre por qué en algunas regiones esta entidad tan eficiente está fallando. La categoría “Estado fallido” ha logrado imponerse analíticamente, a pesar de ciertas resistencias académicas, gracias al prestigio y difusión de la revista ForeignPolicy, en especial bajo la dirección del intelectual venezolano Moisés Naím. Presiones demográficas, refugiados y desplazados, agravios colectivos, fuga de capital humano, desarrollo desigual, crecimiento económico, deslegitimación de las instituciones, problemas en los servicios públicos, déficit de DDHH, debilidad y corrupción de los aparatos de seguridad, división de las élites e intervención extranjera, son las variables que el Índice de Estado Fallidos considera para establecer su ranking. Aunque quienes nos interesamos en el estudio y construcción de métodos de medición política aún presenta el problema de la “hiperestandarización”, debemos reconocer que tiene el potencial para ser de utilidad académica y para la implementación de políticas (policy).

Los aportes de Rotberg estratificando el fenómeno entre Estados débiles, fallidos y colapsados se ajustan a la realidad latinoamericana, en donde los matices son necesarios. Facundo Cabral fue víctima del brutal sicariato que azota a América central en un coctel explosivo de narcotráfico, pandillas (maras), pobreza, desempleo juvenil, deserción escolar, debilidad de las instituciones y corrupción de las autoridades políticas, militares y policiales. La polarización política de las élites, sustrato común en América latina, coloca al continente bajo observación, pues en la medida en que no se desarrollen proyectos nacionales que superen la partidización y el tribalismo, poco podrá lograrse con el aumento progresivo en el precio de las materias primas. El mayor peligro no es el triunfo parcial de una tendencia ideológica sobre otra, sino la polarización misma, factor decisivo al momento de potenciar el resto de las variables y conducirnos a la falla como Estados y sociedades. La alerta es pertinente, nuestros Estados son débiles.