jueves, 21 de julio de 2011

Strategos #48: Las guerras del... ¿futuro?


La bibliografía en los estudios estratégicos de principios de la década de los noventa, se inclinó a tratar de establecer escenarios plausibles acerca del futuro del uso de la fuerza en un sistema internacional cuya única certeza era la primacía estadounidense, sobre todo luego de la demostración tecno-bélica en Irak (Operación “Tormenta del Desierto” de 1991). Los títulos sobre el futuro de la guerra se volvieron a disparar diez años después, a partir del 11 de septiembre de 2001, cuando se popularizó el viejo concepto de la “guerra asimétrica” y se vinculó a la estrategia subversiva la posibilidad de comunicaciones por vía electrónica. Cumpliendo un ciclo casi riguroso, hoy, cerca de una década después, nos toca ser testigos de la decisión formal de militarizar el espacio cibernético en vista de la virulencia que amenaza a la seguridad informática de potencias de distinto orden.

Los EEUU han creado su séptimo comando, el Comando Cibernético. Éste se suma a los Comandos Norte y Sur (América), Comandos Europeo y Africano y del Pacífico, y al Comando Central (Medio Oriente y Asia Central). A diferencia de sus homólogos, el Comando Cibernético no tiene un espacio geográfico de acción definido, pues se concentra en el teatro de operaciones de las redes de información, con lo cual se podría decir que es el primer ejercicio formal de llevar la guerra a la “noosfera”, ese espacio no físico en el que interactúa el pensamiento humano. Pero no llega a ese umbral de la abstracción, pues el Comando Cibernético actuaría también en el campo físico, reservándose el uso de la fuerza contra objetivos que dirijan o promuevan ataques a la infraestructura informática sensible de los EEUU. En otra palabras, su rango geográfico es el planeta entero. 

De un modo menos público, otras potencias han militarizado el espacio cibernético. Es así como los consecutivos ataques recientes a bases de datos del Pentágono y sus contratistas en tecnología militar han sido rastreados hasta China. Los violentos ataques de hackers norcoreanos a redes gubernamentales surcoreanas fueron noticia corriente desde la década pasada. Hace poco menos de un año, Irán padeció un ataque al cerebro informático de control de su sistema eléctrico. Los ejemplos abundan y se diversifican en la medida en que nos asomamos al mundo de los “hacktivistas”, en el que Anonymous ocupa un lugar destacado entre los grupos autoproclamados anarquistas que operan en red. La ambigua orientación política y el variado nivel de capacidad de los miembros de estas redes, incrementa la incertidumbre y ha obligado a las fuerzas regulares a plantarse una clara doctrina que pase de la defensa a la ofensiva.

Esta forma de guerra no sustituye a las ya tradicionales, sino que las complementa y complejiza, demandando una constante evolución de las naciones y sus aparatos de violencia. Ya no son escenarios futuros, estamos hablando del presente. ¿Estamos preparados?