miércoles, 27 de julio de 2011

Strategos #49: Breivik y la ecclesia europea

En los últimos diez años el impacto de los atentados de Nueva York, Washington, Madrid, Londres, Bali, Moscú y Beslán, y de las guerras en Irak, Afganistán, Pakistán y Libia, predispuso a la opinión pública a tal punto que para muchos ya el único terrorismo concebible era el islamista. Parecía olvidado el fundamentalismo de las otras religiones monoteístas, y mucho más arduo parecía pensar en terroristas de origen occidental. La explosión en Oslo y la masacre de Utoya quebraron los cristalizados esquemas mentales. Nombres como Timothy McVeigh, responsable del atentado con bomba en un edificio de las oficinas públicas en Oklahoma City, o el del clásico Ted Kaczynski, el famoso “Unabomber”, que aterrorizó a los EEUU entre 1978 y 1995 con sus famosos sobres-bomba, vienen a la mente cuando se entra en contacto con el caso de Anders Behring Breivik, quien, por cierto, plagió buena parte del manifiesto radical de Kaczynski, lo que podría interpretarse de tres formas no excluyentes: como un tributo, como el resultado de fuertes coincidencias ideológicas, o simplemente como limitadas capacidades intelectuales.

Pero los eventos y coincidencias no nos deben desviar de la realidad general que vive Europa, pues lo que expresa Breivik es apenas la faz más radical de un sentimiento que tiene incluso claras manifestaciones políticas con repercusiones en el sistema internacional. No es un secreto que desde hace dos décadas la dinámica demográfica europea se ha convertido en un tema de discusión. Las perturbaciones que crea un doble proceso de contracción de la población europea cristiana y de expansión de la población africana y meso-oriental islámica, se enmarcan en la estructura de una Unión Europea (UE) de vena cristiana (su bandera inspirada en la corona de estrellas de la Inmaculada Concepción, habla por sí misma). Los problemas que ha enfrentado Turquía, un leal y geopolíticamente útil socio de la OTAN, en su proceso de incorporación a la UE, se derivan del problema político-demográfico de otorgar pasaporte europeo a más de setenta millones de islámicos de la noche a la mañana. Los choques culturales se hallan en el fondo de la cuestión, lo que se agudiza con los discursos izquierdistas, siempre dados a la demagogia y penetrar a los sectores marginales.

La eccesia cristiana que es la UE encaja con otros proyectos previos, como el del Tratado de Paz Universal entre Enrique VIII, Carlos I y Francisco I (1518); la Santa Alianza de Austria, Prusia y Rusia (1815); y la Liga de los Tres Emperadores de Alemania, Austria-Hungría, y Rusia (1872). No es, pues, del todo exótico el manifiesto anti-multicultural de Breivik, pero sus medios son tan criminales como ineficientes, dado que los mismos desprestigian su propia causa al hacerlo entrar de lleno a la galería de los radicales orientales que tanto odia.