miércoles, 17 de agosto de 2011

Especial para El Mundo: ¿Y si migraran las reservas?


El triunfo Aliado en la Segunda Guerra Mundial, y la extinción soviética a principio de los 90, generaron una arquitectura económica mundial que, a pesar de los significativos cambios que el mundo ha experimentado, sigue reflejando el dominio de las divisas occidentales, en especial el dólar, como emblema de un poderío que va más allá de las armas. La actual situación económica que atraviesan los EEUU, que les ha obligado a elevar el techo de su endeudamiento efectivo, se ha convertido tanto en una alarma como en una excusa para señalar los riesgos de una economía mundial que comienza a mostrar sus primeras inclinaciones multipolares, y denunciar así el interés de Washington por mantener su posición de dominio, a pesar de la reducción de su producción con respecto a su deuda. No obstante, el declive del poderío estadounidense es lento, y mantiene a de su lado ventajas que siguen siendo lejanas para las potencias emergentes: así (1) la inversión en Investigación y Desarrollo de los Estados Unidos en 2011 corresponde a un 34% de la inversión del planeta, seguidos por toda Europa (23.2%) y China (12.9%) (Advantage Business Media, 2010); además (2) el gasto militar estadounidense corresponde al 42.8% del gasto mundial, secundado por China (7.3%), y dejando a la zaga al Reino Unido (3.7%), Francia (3.6%), Rusia (3.6%), Japón (3.3%) y Alemania (2.8%) (Stockholm International Peace Research Institute, 2010). Aun de materializarse los drásticos recortes militares previstos por el acuerdo bipartidista, 1 de cada 4 dólares que se gaste en defensa en el mundo sería puesto por Washington; y debemos considerar que (3) Estados Unidos produce el 40.75% del maíz del mundo –por tomar un cereal de uso extensivo en varias culturas-,  seguido en este rubro por China (20%) y Brasil (6.27%) (FAO, 2011).

Tomando como referencia los tres criterios suministrados, y recordando que Estados Unidos logra estas cifras con el 4.5% de la población del mundo, no resulta previsible un derrumbe económico y estratégico de la superpotencia en un futuro previsible, lo que nos lleva a asumir que en el caso de una presunta decisión de las autoridades fiscal y monetaria venezolanas de trasladar las reservas de la república hacia otros destinos, como China, Rusia y Brasil, no sería el criterio técnico-económico el más robusto en la argumentación oficial.  

Esto no deja en el campo de la confrontación política, pues desde una perspectiva geoestratégica cobraría sentido una decisión de ese tenor. El gobierno venezolano se ha mantenido dentro de los márgenes de la legalidad internacional, pero no sin dejar en claro su vocación revolucionaria. Una potencia revolucionaria desea transformar las reglas que rigen al orden mundial, aunque generalmente este tipo de Estado no tiene la contundencia económica y militar para llevar adelante, de forma unilateral, sus intereses. Es cuando se establecen las coaliciones con poderes emergentes, Estados con creciente musculatura y peso geopolítico que, aunque no se planteen como objetivo la transformación del mundo, sino mejorar sus perspectivas dentro de él, saben que pueden contar con el ánimo antisistema de los revolucionarios, así como con sus recursos y mercados.

En el marco de la silente “guerra de divisas”, captar reservas de países exportadores de materia prima se convierte en un maniobra excepcional en una larga carrera de poderío y prestigio en la que la confrontación armada directa es tan costosa para las grandes potencias. Las consecuencias externas para Venezuela, de producirse la migración de reservas desde Occidente hacia Estados BRICS, sin embrago, no sería significativa, dado que no existe restricción alguna, y las vinculaciones comerciales están fundadas en la necesidad mutua. Con una medida como la supuesta se buscaría un mayor margen de maniobra política que permitiría desafiar más abiertamente al Occidente desarrollado, sin el riesgo sufrir dolorosas retenciones forzadas de reservas, como las que padecieron Irán y Libia recientemente, y al mismo tiempo, el gobierno venezolano podría profundizar sus nexos con potencias como China y Rusia, miembros permanentes con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, tratando así de escapar tempranamente de posibles sanciones futuras.

En suma, Caracas no sólo está percibiendo la transformación multipolar del orden mundial, sino que está trabajando políticamente para acelerarla y aprovechar las ventajas estratégicas que la multipolaridad ofrece a proyectos comprometidos con la ruptura de lo establecido.