viernes, 19 de agosto de 2011

Runrunes Diploos: Sobre el realismo y la carta de la MUD


¿Es realista ser pragmático? La pregunta, aunque lo parezca, no es retórica, ni es un inútil juego de sinónimos. Por ejemplo, una medida pragmática como armar a los muyahidines contra los soviéticos, resultó en el fortalecimiento de las condiciones para la fundación de al-Qaeda. De casos como ese está hecha la historia. Retirarse de Irak y Afganistán es una medida práctica, que incluso luce necesaria, pero ¿es del todo realista, considerando que EEUU dejará tras sí a dos gobiernos corruptos y débiles, y posiblemente haya barrido a dos de los mayores enemigos del régimen iraní? O consideremos un tema más cercano: las tensiones Uribe-Santos se encuentran en una disputa de liderazgo en Colombia, pero también en dos formas distintas de entender lo político y de conducir las relaciones exteriores; en ese marco, Uribe considera que Colombia debe confrontar a la Venezuela de Chávez, pues la considera una amenaza nacional y hemisférica, mientras que Santos llega al punto de afirmar que Chávez es un factor de estabilidad para Venezuela y la región. ¿Quién tiene la razón? ¿Cuál es más realista: el que piensa en las amenazas latentes o el que busca los intereses inmediatos?
Las diferencias yacen en los plazos y la incertidumbre, es decir, se convierten en un problema de percepción. El político pragmático se compromete con el “ahora”, y el dogmático con el “ayer” y el “mañana”. El pragmático dice que es realista porque el ayer está superado y el mañana es incierto; el dogmático ve el ahora como una transición cuyo principal valor viene dado por las acciones transformadoras. El pragmático asume la incertidumbre como insoluble, y de modo racional se decide por resolver el tema presente, mientras que el dogmático la considera menor si se toman en cuenta los principios, lo que lo lleva a asumir que la política es una función de la construcción de la historia. En el fondo nos queda un debate entre necesidades y principios, y si el lector nos permite esta apriorística conclusión, el realismo se encuentra en una combinación de principios útiles y necesidades ineludibles, es decir, es una visión de lo político en tres tiempos: pasado, presente y futuro. ¡Menuda tarea!
Esta breve disertación puede que nos sirva para comprender la carta que Ramón Guillermo Aveledo, Secretario General, y Ramón José Medina, Director de Enlace Internacional, en nombre de la Mesa de la Unidad Democrática le dirigieron a Ileana Ross-Lehtinen, Presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de los EEUU. Obviando las acusaciones oficiales según las cuales la carta es una solicitud de injerencia y financiamiento a la MUD, dado que las mismas no resisten el más elemental análisis de contenido, vale la pena resaltar el interesante valor realista de la misiva. Prefieren los firmantes abandonar el lenguaje apologético de la defensa de la democracia como modo de vida, alejándose así de un unívoco sentido de la justicia, para aproximarse a la ética utilitaria de la democracia liberal moderna. En pocas líneas se enfoca la necesidad del apoyo político y financiero estadounidenses a la Organización de Estados Americanos (OEA) de un modo que nos recuerda a la teoría económica de las alianzas, la misma que afirma que las ganancias totales (concretas y abstractas) de las potencias que sostienen instituciones internacionales, son menos que proporcionales a los recursos invertidos, pero que una reducción en los mismos conduciría a pérdidas totales en términos de estabilidad y valores (en este caso la democracia liberal provee lo primero y encarna lo segundo).
Vista así, la breve carta posee un significativo contenido realista, en tanto no sólo se preocupa por los principios, sino que ofrece los elementos de juicio para que el destinatario comprenda que aquello que considera práctico hoy, por la disminuida capacidad estadounidense en la OEA, puede convertirse en un previsible problema hemisférico más adelante. Son estas las dosis de realismo y prudencia que son imperiosas para una modesta potencia regional media como Venezuela, que además controla las principales fuentes de energía fósil del futuro y geográficamente se ubica justo entre una superpotencia establecida, EEUU, y una gran potencia regional emergente, Brasil.