miércoles, 3 de agosto de 2011

Strategos #50: La deuda americana y la multipolaridad

Esta es la entrega número 50 de la columna Strategos. Hace un año comenzamos con este proyecto de difusión de análisis y opinión sobre asuntos internacionales bajo el marco realista y desde la perspectiva de los estudios estratégicos y de seguridad. En el Strategos #1 (“La Nueva Multipolaridad”) decíamos: “El sistema internacional actual es multipolar. La superioridad tecnológico-militar de EEUU no debe confundir, la contracción de su influencia es un hecho que se corrobora al observar la expansión de potencias emergentes en espacios geográficos que apenas una década atrás parecían exclusivos.” Hoy esa afirmación parece más comprensible que hace un año, pues el acuerdo sobre el manejo de la deuda americana acelerará el proceso de distribución relativa de poder en el mundo.

Para el realismo político la máxima expresión de poder internacional, en última instancia, es la fuerza militar. El gasto militar de los EEUU alcanzó este año los 700 millardos de dólares, lo que constituye cerca del 43% del gasto militar del mundo. Y sin embargo, dadas las largas operaciones en Eurasia (por cierto, de limitado alcance en materia de objetivos políticos reales) el rendimiento de esa inversión no rindió los frutos esperados. Luego de una década de guerras, el escenario es desalentador. Washington enfrenta una persistente insurgencia en Afganistán e Irak; debe acoplar los disímiles calendarios estratégico y electoral con una dubitativa retirada que dejará tras de sí gobiernos no del todo amigos y no del todo estables; y, por si fuera poco, experimenta la tensión entre la Casa Blanca y el Pentágono, en una clásica diatriba entre las formas civil y militar de ver la guerra, aderezada con la particularmente demagoga personalidad de Barack Obama.

Ahora imaginemos el escenario con un recorte progresivo de 350 millardos de dólares (sí, un recorte del 50%). Una política como ésta no se veía en los EEUU desde el final de Primera Guerra Mundial, cuando la aún emergente potencia entró en una fase aislacionista. La medida del recorte militar no es irracional, pero sin duda introduce cambios en la estructura internacional al generar una nueva distribución del poder, reimpulsando el orden multipolar que, como dijimos hace un año, se caracteriza por tensiones constantes, crisis recurrentes, alianzas efímeras, evasión de los mecanismos de los organismos garantes de la seguridad internacional y por el surgimiento  de nuevos que nacen sin capacidad para sancionar.

La pregunta que surge es: ¿la retirada estratégica de los EEUU en Eurasia será sustituida por un mayor interés en nuestro hemisferio? La contracción aconsejaría una mayor preocupación en las Américas, en dónde la multipolaridad y el sobredimensionamiento eurasiático han generado inestabilidad y lesiones a los valores democráticos liberales.