miércoles, 10 de agosto de 2011

Strategos #51: ¿Por qué Dilma necesita a Amorim?


Este artículo parte de una hipótesis que he venido trabajando desde hace unos pocos años en el marco de mis investigación sobre potencias emergentes (en especial China y Brasil) y que asomé en el XI Simposio Nacional de Ciencia Política el 21 de julio en la Universidad Simón Bolívar: el auge de Brasil como potencia regional, en un área del planeta que aún se encuentra dentro de la esfera de influencia estadounidense, y que presencia el arribo parcial de otros poderes (re)emergentes como China, Rusia e Irán, puede convertirse en un esquema hegemónico en Suramérica en la medida en la que Brasilia y Washington alcancen una suerte de condominio hemisférico que les permita, eventualmente, disminuir la presencia de jugadores geoestratégicos extra-continentales en la región. El condominio no implicaría simetría ni cooperación absoluta, ni siquiera un acuerdo expreso, sino una política realista que reconozca el hecho multipolar con miras a funcionar dentro de las macro-tendencias históricas mundiales. En tanto se presume la racionalidad de dicha política, se puede esperar una mayor aproximación al condominio hemisférico. En Brasil, quien mejor parece entender la lógica de los tiempos que corren, es el mismo que fue Canciller del fallecido Itamar Franco y de Lula, Celso Amorim, y por eso Dilma lo ha investido como Ministro de Defensa.




En esta columna (10 de noviembre de 2010) comenté lo destacado que fue el equipo que en materia de política exterior habían hecho Amorim (Canciller) y Marco Aurelio Garcia (Asesor de la Presidencia para Asuntos Exteriores) en la presidencia de Lula. Dilma ratificó a Garcia, pero llamo a Antonio Patriota, de un perfil más bajo y moderado, para que se hiciera cargo de Itamarati. En Defensa se mantuvo el que fue hasta hace unos días el pitbull del nacionalismo militar brasileño, el experimentado político Nelson Jobim. El Ministro de Defensa saliente, que venía acompañando a Lula desde su segundo mandato, había apuntalado en su agenda al Consejo Suramericano de Defensa de la UNASUR, afirmando ad nausean que EEUU no tenía nada que ver con la alianza suramericana. El mismo Jobim fue crítico cuando Dilma asomó la posibilidad de adquirir los F/A-18 Super Hornet de Boeing y no los Rafale de la francesa Dassault. La posición rígida de Jobim ante EEUU se había convertido en un problema para las maniobras diplomáticas de Dilma-Patriota-Garcia, por ello la decisión de colocar en su lugar a Amorim, a apenas ocho meses de la ratificación del primero y de la salida del segundo, responde a la realista necesidad de buscar vías de entendimiento, sobre todo en caso de que la contracción militar estadounidense reimpulse una política de mayor interés hacia las Américas. Hasta los momentos, la posibilidad de un condominio hemisférico va tomando forma.