miércoles, 17 de agosto de 2011

Strategos #52: ¿Fuku...qué?


El terrible accidente de la planta nuclear japonesa de Fukushima encendió las alarmas de la opinión pública occidental con respecto al uso civil del átomo. En honor a la verdad, y a pesar de los paralelismos que se quisieron establecer, Fukushima no fue Chernóbil, pues el primero fue generado por causas naturales –el maremoto que siguió al terremoto y que comprometió, por la inundación-, mientras que el segundo estuvo asociado a fallas humanas –a su vez ligadas a la decadencia soviética. El argumento de aquellos que adversan el uso de la energía nuclear era inmediatamente rebatido por la ineficiencia de la extinta superpotencia socialista. Pero hoy, cuando la polémica aún no se disipa, y se combina con los convergentes intereses anti-nucleares de ecologistas y empresas petroleras, Fukushima se mantiene como un instrumento político poderoso dentro del debate energético.

No obstante, las reacciones a Fukushima son diversas y se adaptan a consideraciones políticas. Para citar el ejemplo más extremo en el Occidente desarrollado, Alemania, que cuenta con un importante frente ecologista que hace vida en su sistema político, ha sucumbido (al menos aparente y temporalmente) y se plantea una progresiva desnuclearización de su sistema eléctrico nacional en las próximas dos décadas. Rusia, por su parte, ha decido construir un complejo nuclear de 28 plantas en su enclave europeo de Kaliningrado, financiándolo con los mismos petro-euros que cancela Berlín por concepto de gas ruso, y con el propósito de suplir energía eléctrica a la Alemania desnuclearizada. Adicionalmente, Turquía acaba de sancionar el texto legislativo que permitirá la instalación de su primera planta nuclear, por acuerdo con Rusia, por supuesto. E Irán, que ya tiene en funcionamiento el reactor ruso de Busher, está buscando en Moscú un renovado acuerdo para ampliar sus capacidades. Recordemos que por razones políticas y financieras, el gobierno venezolano detuvo su programa nuclear con tecnología rusa (aunque se haya usado a Fukushima como excusa, las tensiones internas y externas creadas por la idea debilitaron la propuesta), aunque el ensayo haya servido como prueba de lo que potencias regionales medias están buscando.

Las grandes potencias con ostensible capacidades nucleares han ignorado el camino alemán. La dieta energética en un mundo multipolar e inestable debe mantenerse variada, sobre todo cuando hay tantas sombras sobre el futuro político próximo de los Estados que cuentan con las más importantes reservas de energía fósil. La energía nuclear con fines militares es, desde hace dos tercios de siglo, una herramienta de poderío y prestigio, pero aquella con fines civiles es un instrumento práctico frente a un inestable mercado de hidrocarburos. En nuestro mundo dominado por la técnica, el acceso a la energía es la piedra angular en el ejercicio del poder.