jueves, 25 de agosto de 2011

Strategos #53: Libia: ¿intervención modelo?


La respuesta a la pregunta que intitula a este artículo no puede ser tan directa como nos gustaría. La experiencia de una década de guerra en Afganistán, y de poco menos en Irak, ha permitido que las fuerzas de la OTAN reescribiesen en extenso sus manuales operativos, generando nuevas doctrinas que se han puesto a prueba en Libia. La situación en el país sigue siendo confusa, y lo seguirá siendo aun cuando sean barridos las fuerzas que se mantengan fieles al círculo de los Gadafi, pues la composición del Consejo Nacional de Transición es heterogénea, y peor aún, sus miembros son inexpertos en materia de negociación política democrática. Pero en lo respecta a las operaciones militares, Libia ya representa un hito en materia de intervenciones para el siglo XXI, siempre y cuando se mire con cautela.

Las bajas que la alianza tuvo desde marzo se reducen a un helicóptero robot de reconocimiento que, al parecer, tuvo problemas mecánicos. El costo político para las democracias occidentales ha estado cercano a cero gracias al apoyo a los rebeldes nativos y al uso del poderío tecnológico-militar, una ventaja que ha caracterizado a la civilización europea en el último medio milenio. Mantener a las tropas lejos de los combates directos, y emplear un masivo poder aéreo en más de 7,500 misiones, permite evadir el juicio más severo de la opinión pública en momentos de dificultades económicas y de un inconcluso despliegue de fuerzas en Asia.

Lo dicho, apunta a hacer consideraciones acerca de las ventajas estratégicas que la conducta de la OTAN en Libia pudiese tener para las intervenciones en el futuro cercano, sobre todo cuando existe una fortísima presión para que se reduzcan los presupuestos militares en las democracias desarrolladas. No obstante, no debemos olvidar que el caso libio es particular (aunque no único), pues el régimen de Gadafi, si bien se aproximó a Europa desde la segunda guerra de Irak (la captura, juicio y ejecución de Saddam fue una fuerte impresión para el libio), sobre todo abriendo a Libia a las inversiones petroleras del norte, y mantuvo estrechas relaciones en materia de armas y construcción civil con rusos y chinos, respectivamente, no construyó un operativo sistema de alianzas. Sus vínculos ideológicos en África eran débiles y limitados a pocas y decadentes tiranías; en la Liga Árabe nunca fue visto como un igual; y sus lazos latinoamericanos sirvieron de poco en la práctica. El éxito que se le atribuya a la intervención en Libia descansa en buena medida en su aislamiento, traducido en el pobre sistema de alianzas de Gadafi y en la incapacidad de su régimen para gestionar con éxito la exacerbación de la falta de libertades en su sociedad. Son estas consideraciones que se tomarán en cuenta en intervenciones futuras, sobre todo ahora que se habla de la difícil y bien conectada Siria de al-Assad.