miércoles, 21 de septiembre de 2011

Strategos #57: ¿Qué busca Turquía?


Turquía ocupa una posición central en Eurasia. Con tan sólo ver un mapa nos encontramos con un Estado con potencial influencia en Oriente Medio, el Mediterráneo Oriental, los Balcanes, el Mar Negro y el Cáucaso. Pero además, por razones de su historia imperial, los turcos tienen alguna ascendencia política sobre el Magreb; y por sus raíces étnicas y lingüísticas, tienen fuertes lazos con pueblos de Asia central, con una proyección tan alejada como China y Mongolia. Su sociedad ha recorrido un camino de más de 90 años de modernización laica al estilo occidental, impuesta por Mustafá Kemal Atatürk, y garantizada por las fuerzas armadas. La vinculación con Occidente se consolida con el ingreso de Turquía a la OTAN en la primera etapa de la Guerra Fría. Pero esos lazos se han venido debilitando a raíz de las sucesivas negativas europeas de ingresar a Turquía a la UE.

El Primer Ministro Recep Tayyip Erdogan no es un radical, su partido es demócrata islámico, y hasta es miembro observador del Partido Popular Europeo. Sin embargo, su elección significó el comienzo de un proceso de declive del tutelaje militar sobre la democracia turca. La frustrante situación a las puertas de Europa, han dado fuerza a reconsideraciones sobre los objetivos geoestratégicos turcos, lo que parece contar con el apoyo de unas nacionalistas fuerzas armadas. Su pasado imperial hace que Turquía vea la oportunidad de ejercer influencia en aquellos espacios que fueron dominados por los otomanos, y que quiera, a partir de un protagonismo regional, comenzar a jugar entre las grandes potencias. El fallido intento de intermediación junto a Brasil, que pretendía resolver por medio de una jugada diplomática las sanciones sobre Irán y su programa nuclear, fue una muestra de la apuesta de Ankara en el mundo multipolar. Hoy vemos a Erdogan llevando adelante giras por el Magreb, estrechando vínculos con Egipto y Libia, y aprovechando para lanzar ofensivas diplomáticas contra Israel, cortando la cooperación tecnológico-militar y presionando para el reconocimiento de un Estado Palestino.

Lo que busca Turquía es posicionarse como una potencia media, aprovechando sus indiscutibles ventajas geopolíticas. Su capacidad de ejercer influencia regional dependerá de asumir con tacto las causas que podrían colocarlo como líder simbólico de su antiguo espacio imperial. Pero la situación no es sencilla, la imagen turca debe moverse en el plano de identificación islámica en el exterior, por no ser una sociedad árabe, pero sin quebrantar el delicado equilibrio de moderación que ha logrado establecer el gobierno. Además, debe confrontar medidas de sus aliados occidentales, pero sin correr el riesgo de romper con la OTAN, su paraguas de defensa. Los objetivos geoestratégicos turcos requieren de un manejo político y diplomático que está poniendo a prueba su liderazgo, y su éxito sólo será posible en la medida en que mantenga su fórmula de gobernabilidad.