miércoles, 28 de septiembre de 2011

Strategos 58: La responsabilidad de Obama


Aunque a algunos sensibles y acomplejados oídos les suene antipático, la política internacional se construye por medio de las decisiones de las grandes potencias y sus consecuencias históricas. Y aunque al volver la cara al este para observar la evolución de los hechos en Medio Oriente podemos detectar las huellas de múltiples decisiones tomadas hace décadas, quizá la más importante y reciente de dichas decisión históricamente trascendental haya sido tomada por Barack Obama en su corto y maltrecho periodo presidencial.

Demostrando que en la era de las telecomunicaciones la demagogia ya no está reservada a la política doméstica, Obama estrenó su política exterior con su famoso discurso en la Universidad de El Cairo, que ha sido catalogado como pieza central del Smart Power, constructo intelectual que, como ya hemos señalado en Strategos anteriores, no es algo novedoso. El gesto hacia la reconciliación con rivales regionales no habría sido una mala idea si no hubiese sido seguido por una sistemática política de desdén hacia aliados tradicionales. Recordemos, por ejemplo, como la en la primera visita de Netanyahu a Washington en la era Obama, el Primer Ministro israelí no fue recibido en la Casa Blanca, sino en el Pentágono, lugar en el que se improvisaron honores de jefe de gobierno extranjero ante la frialdad de Obama. El escándalo McCrystal fue un informal llamado de atención sobre las tensiones entre el Comandante en Jefe y su alto mando.

Pero la mayor irresponsabilidad del actual Presidente de los EEUU fue en la 65° Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando declaró que en un año debía existir un Estado palestino reconocido. La realidad ha golpeado al demagogo, como en tantas ocasiones en otras épocas, y apenas un año después, el mismo Obama tiene que retractarse dado que la OLP ha jugado inteligentemente sus cartas: demorando en diez meses su disposición a negociar, exasperando a los israelíes y ensayando acercamientos públicos con Hamas. Y por último, aprovechando el clima favorable a su causa en la informe Asamblea General, apoyada por potencias del Consejo de Seguridad que quieren mejorar su imagen en Oriente Medio (sobre todo Francia), declarar unilateralmente su solicitud de ingreso como miembro pleno de la ONU.

Los estériles debates acerca del realismo o no de Obama, que sirvieron para rellenar páginas de populares revistas de análisis político internacional, no parecieron anticipar el giro de hoy. Obama tiene a su favor y en su contra el mismo factor: dirigir a la mayor potencia mundial. Ello le da un margen de maniobra incomparablemente superior a sus homólogos, pero siempre y cuando se mantenga dentro de los principios que dicta el interés nacional. La contribución de Obama a la inestabilidad está teniendo efectos inmediatos.